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  Breve Reseña de los Ciegos en León (Juan José Miñana)
 

 

 

Breve Reseña de los Ciegos en León

 

Juan José Miñana

Durante la Edad Contemporánea los conventos diseminados por la provincia de León, fueron grato refugio y amparo, o casi el único, de los numerosos ciegos que mendigaban por estas tierras, donde el frío y el calor son muy extremados. En estas casas de Dios, se les suministraba diariamente un plato de sopa caliente a las doce del día, anunciando el reparto con el toque de El Ángelus; y, frecuentemente, se cubrían sus desnudeces con ropas usadas que donaban personas caritativas. Siempre había alguna habitación conventual para hospedar a quienes carecían de vivienda y corrían grave riesgo de desfallecer, si pasaban la noche a la intemperie. En Sahagún fueron varias las mujeres sin vista que profesaron como monjas en casas religiosas, colaborando al bienestar de la comunidad con una buena dote al ingresar como novicias, y cooperando diariamente en todos los quehaceres domésticos y costumbres conventuales; pero ocupándose, principalmente, de tocar el órgano o el harmónium, dirigir los cantos religiosos y hacer labores de punto. Con frecuencia tenían por misión hacer compañía a enfermos y cuidar de niños desamparados.

En todas las importantes estaciones de ferrocarril, se contemplaban ciegos, pidiendo limosna a quienes iban o venían; no faltando invidentes que se arriesgaron a hacer trayectos en los trenes, vendiendo gaseosas y refrescos en verano y café caliente y tortas de Astorga en invierno, como hacía el conocido ciego Marcos, en la década de los años 30.

Vida tan azarosa llevó también a mediados del siglo XIX el maragato Tirso el Ciego, quien, recorría toda la provincia de León, ejerciendo la profesión de arriero, acompañado por un familiar. Se orientaba, parece ser, muy bien por aquellas trochas. Transportaba en su carro toda clase de géneros, tomando todas las precauciones para no ser engañado ni robado. ¡Qué biografía más interesante para escribir una novela picaresca!

Como es lógico, muchos ciegos leoneses fueron internados a perpetuidad en el Hospicio provincial o en otras casas de Beneficencia y Misericordia, donde se les encomendaban trabajos manuales sencillos y faenas domésticas para que estuvieran entretenidos, porque el "ocio es la raíz de todo vicio" y en estos asilos es prioritaria la formación espiritual, la moral cristiana de sus acogidos.

Don Miguel Hernández, Administrador General del Hospicio Provincial de León en el año 1.943, nos decía que tenía referencias de que en aquel asilo siempre hubo acogido algún invidente; y recordaba que uno de ellos era muy hábil electricista y había renovado toda la instalación eléctrica del inmueble.

La mayoría de ciegos de esta provincia permanecen en su hogar, mantenidos hasta su muerte por los parientes más próximos, pero estos invidentes se esfuerzan en desarrollar alguna actividad laboral para ser útiles a sus familiares y compensar el beneficio que de ellos reciben. Mendigan por el pueblo, llevan recados, cuidan de los animales, acarrean el agua, ayudan a desgranar los cereales, colaboran a cargar y descargar todo tipo de carros, en resumen, cooperan en la medida de sus fuerzas a que su manutención no sea tan pesada carga para sus seres más queridos.

Un caso extraordinario lo constituyó a principios del siglo XX, el ciego de Riaño, quien ayudaba a la hermana con la cual vivía y que le cuidaba, pescando en el río Esla, cazando pájaros con liga y cepos, cogiendo conejos y liebres con trampas y lazos, así como trayendo leña y frutas del monte.

En León, no se organizó sociedad de ciegos alguna, pero sí funcionó en la capital una humilde escuela para invidentes desde el año 1930, la cual la abrió un ex alumno del Colegio Nacional de Sordociegos y de Ciegos, quien, en su propio hogar, enseñaba a sus discípulos el sistema Braille, las cuatro operaciones fundamentales de la Aritmética y otros conocimientos prácticos y de cultura general, cobrando una módica cantidad, especialmente, para comprar material adaptado.

El Ciego Fidel (1.877-1.937)

Nació Fidel en Villafranca del Bierzo, en el seno de una humilde familia de comerciantes de tejidos y en su adolescencia comenzó atrabajar en la tienda de sus padres, evidenciando un gran talento para los negocios mercantiles, pero contrajo una grave enfermedad ocular que le dejó totalmente ciego, cuando contaba 27 años de edad, y que, además, coincidió con un mal momento familiar arruinándose económicamente. No se arredró Fidel ante su desgracia, y se dedicó a ir de pueblo en pueblo por todo el Bierzo, vendiendo gran variedad de artículos, principalmente, telas, consiguiendo con sus ganancias que sus padres abrieran otra vez el negocio en su pueblo natal. Acompañado de un ,lazarillo recorrió varias provincias trajinando y cambalacheando con bastante éxito, hasta que llegó a Madrid, capital que le gustó mucho e instalándose allí su residencia y negocio. En 1923 ya se veía a Fidel vendiendo telas por los cafés y restaurantes más castizos y más caros de la capital de España, llevando además, corbatas de seda, pañuelos y como no sus tijeras y su metro para medir y cortar las telas que llevaba. el ciego Fidel es un tipo clásico de la picaresca española, y su figura estrafalaria con la americana llena de brillo y grasilla, su cara con un ojo tan abultado como un huevo, parece sacada de una página de Quevedo, de Alonso Jerónimo o de Salas Barbadillo; pero aquí el ciego es el protagonista, porque conoce muy bien el corazón humano para explotar sus debilidades. Al comenzar la guerra civil española el 18 de julio de 1936, desaparece de la escena madrileña el ciego Fidel, que regresa a su pueblo natal, huyendo de los frentes bélicos y buscando un lugar tranquilo donde descansar de su ajetreada vida, disfrutando de su fortuna ganada en Madrid. En Villafranca del Bierzo falleció el año 1.937, víctima de unataque cardíaco mientras dormía.

 
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