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  Dindi en el País de los Puntos (María Jesús Cañamares)
 

 

 

Dindi en el País de los Puntos

María Jesús Cañamares Muñoz

Hola, soy Dindi, quiero contaros mis aventuras en el país de los puntos. Cuando tengo vacaciones, mamá me lleva a casa de mis abuelos. Con mi abuela lo paso pipa: jugamos a mil cosas, la maquillo, la peino, y ella se deja hacer. Me leen cuentos de los hermanos Grim o Ana María matutes "en puntos". YO los escucho un rato y veo cómo pasan los dedos por un libro que no tiene nada, todo es papel blanco lleno de agujeritos, ¡y me aburro tremendamente; yo quiero algún adorno, fotos de personajes!...... Pero en esta casa todo son puntos": libros que leen con los dedos (¡huy, qué forma más rara de leer, yo leo con los ojos, pero ellos tocan.). Cajas de medicinas con puntos; así, cuando me pongo enferma, me dan una pastilla si lo creen conveniente, ¡jamás se equivocan y cogen la caja correcta!. Latas de refrescos y conservas con papelitos llenos de puntos. Cuando la abuela va al supermercado y la acompaño, veo cómo busca, coge y deja envases que tienen el mismo producto pero si no llevan etiquetas en Braille no los compra, ¡qué manía, señor! Aquí hay una cosa grandota que el abuelo enchufa al ordenador y con eso sabe dónde hay un correo o un cuento, o una foto...... dice que se llama línea braille... MI abuela quiere enseñarme a leer así, pero me da mucha risa, porque cuando paso la mano por los puntos, siento unas tremendas cosquillas que la enfadan y acaba diciendo que así no podemos ni enseñar ni aprender, me manda a jugar con mi abuelo y éste, vuelta a mandarme con ella, ¡y yo hecha un lío!

Esta tarde, mi abuela me tiene preparada una sorpresa-

--Dindi: vamos a jugar a hadas y genios, yo seré el hada, te mandaré al país de los puntos. Allí tendrás que arreglártelas sola hasta conseguir colocarlos y poner la palabra Braille. Hay seis: a la derecha, uno, dos y tres, a la izquierda: cuatro cinco y seis. Con una pauta y el punzón tienes que construir esa palabra.

Me gustaba la aventura, así que allá que fui, a una sala donde solo había un papel con seis puntitos como referente, una pauta y un punzón con el que me pinché en un dedo y me hice mucho daño pero me resistí a llorar y seguí adelante. No sabía cómo empezar y tampoco me podía rendir. Cuando más desesperada estaba, oigo una voz cálida y veo un señor vestido de negro de arriba abajo, con un bastón blanco en la mano y gafas oscuras y grandotas como las de mi abuelo; pero no era mi abuelo..... ¿o sí?.... La figura se me acerca y me susurra al oído:

--Hola dindi, soy Luis Braille, "amo y señor del país de los puntos" ¿quieres que te ayude en tu tarea y damos una sorpresa a tu abuela?

--¡Oh, no sé, mi abuelita es hada y podría verte..., yo solo veo puntos y puntos pero no me hacen caso, no sé colocarlos para poner esa palabra.

--NO te preocupes. Con esta varita mágica me haré invisible y no sabrá que estoy aquí.

El señor cogió la pauta y el punzón y fue "mandando" a cada punto donde le correspondía estar en las letras. Ellos se movíasn como por arte de magia hasta lograr poner la palabra Braille. Al acabar, Luis me dio el papel diciendo:

--Hoy lo he hecho yo, pero a partir de mañana, vendrás sola al país de los puntos y poco a poco irás conociéndolo entero. Este es el país del saber, del acceso a la cultura, la información, etc. En él está la región de los libros, la de las etiquetas, la de los juegos... ¡verás como te gusta!

¡y vaya si me gustaba! Cada día me resultaba más divertido aprender a leer y escribir como los ciegos. Empecé con cartillas de líneas separadas que me recorría en un santiamén; luego seguí con otras de líneas juntas. Dibujaba figuritas con los rotuladores, ponía el papel en la pauta, y con ayuda del punzón iba pinchando alrededor de la figura. Cuando la rodeaba toda con los puntos, sacaba el papel y lo recortaba, llenando cajas de animales, flores y todo lo que se me ocurría, poniéndole a cada una su nombre en Braille para que mis abuelos supieran de qué se trataba.

Cada día conocía mejor el país de Luis Braille; me fascinaba la cantidad de cosas que podía aprender y tenía claro que de mayor sería maestra para enseñárselo a los niños ciegos. Notaba que mi vida estaba cambiando. Mientras otros niños jugaban con las plays, o pasaban el tiempo viendo la tele, yo ayudaba a mi abuela a etiquetar los paquetes que traía en el carro de la compra, cada paquete venía guardado en una bolsa individual que a su vez contenía un papel escrito por los dependientes con bolígrafos indicando el nombre y peso del producto: pollo, 1 kilo; mero: 2 filetes...., yo sacaba el papelito y leía a mi abuela lo que decía, mientras ella lo escribía en Braille y juntas lo pegábamos en el papel que envolvía el paquetito para meterlo a la nevera. Nos ayudábamos mutuamente, porque a veces, yo le leía lecciones de mis libros, ella las escribía en Braille, y después me las repasaba, me hacía preguntas como si fueran exámenes para ver si las sabía... ¡yupi, era estupendo hacer deberes con la abuelita! No me reñía, tenía más paciencia que mamá, y gracias al sistema Braille, ella también era mi profesora fuera del cole.

Una tarde, mientras hacíamos un dictado, en la sala volvió a aparecer el señor vestido de negro radiante de alegría, y me dijo:

--¡Estoy orgulloso de ti; como premio a tu sacrificio y tesón, dime qué deseas que te conceda.

Emocionada y feliz le dije:

--¿Puedo expresarlo en una canción?

_-Naturalmente, ¡vamos allá! ¡Así te oiré cantar.

Jamás pensé que jugando a los genios

Luis Braille se me iba a aparecer;

Llevando un código de seis puntitos

Para aprender a escribir y leer.

Amigo Braille: cuando llegues al cielo,

Dame la pauta, un papel y punzón;

Quiero ir contigo, a escribir las estrofas,

Y el estrivillo de esta humilde canción.

Te amo, amigo por haber logrado

Que muchos ciegos puedan estudiar,

Tener cultura, ser independientes,

Vivir la vida con seguridad.

(Se repite el estribillo).

--¡Preciosa canción, niña! La valoro mucho sobretodo porque sale de un tierno corazoncito de 7 años. Pero, vamos, hija, hablas de cuando me vaya al cielo; ¿esque crees que voy a morirme? No, no, ni moriré yo, ni morirá el país de los puntos, porque cuando yo sea más viejo y no pueda reinar, tú serás su reina, y enseñarás este país a todo el que quiera conocerlo.

Llena de gratitud, Me colgué de su cuello, y, de repente.... ¡Oh, el vestido y el bastón cayeron al suelo! Salí corriendo y gritando por toda la casa:

--¡Anda...., si es mi abuelito; mi abuelo es un genio; Luis Braille es un genio; mi abuelita es un hada.... ¡Ja, ja, ja .

 

 

 
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