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  Ego Sum (Vital Aza)
 




Ego Sum

Vital Aza. Pola de Lena

Al despuntar la mañana,

tras una noche serena

y en fecha ya muy lejana

nací en la Pola de Lena,

hermosa villa asturiana.

Cómo nací no lo sé;

no recuerdo la postura,

porque yo no me fijé;

pero hay gente que asegura

que yo he nacido de pie.

Quizás la gente no acierte;

mas ni me quejo, ni soy

de los que piden la muerte,

porque, la verdad, estoy

muy contento con mi suerte.

Y pues me mandan que escriba

mi semblanza, en confianza,

aunque el rubor me cohiba,

hagamos en la semblanza

historia retrospectiva.

Inocente criatura

sin pizca de travesura,

pasé mi infancia en la Pola

halagándome una sola

idea: la de ser cura.

¡¡Yo cura!!... Estuve acertado

al no cumplir mis deseos,

pues con lo que me he estirado

siempre me hubiera faltado

paño para los manteos.

Perdida la vocación,

dejé sermones y pláticas;

tiré el Nebrija a un rincón,

y empecé las matemáticas

en la villa de Gijón.

Como era buen dibujante,

obtuve, siendo un chiquillo,

mi plaza de delineante,

y fui después ayudante

del ingeniero Castillo.

Casi a palmos estudié

el ferrocarril de Oviedo,

¡y jamás olvidaré

los diez meses que pasé

sobre el túnel de Robledo!...

Cansado de dibujar

y de tanto cubicar

en el campo y la oficina,

vine a Madrid a estudiar,

¿qué diréis? Pues... ¡Medicina!

Seguí mi nueva carrera

con decisión verdadera.

Hoy soy todo un Licenciado,

y juro que no he matado

un solo enfermo siquiera!

A San Carlos asistía

de ardor y entusiasmo lleno,

y aunque el tiempo compartía

entre Galeno y Talía,

venció Talía a Galeno.

Mi amigo Ramos Carrión,

que siempre fue para mí

amigo de corazón,

me dijo: —Quédate aquí,

y no pienses en Gijón.

¡No seas un inocente!

Con la humanidad doliente

el negocio es problemático.

Tu porvenir, francamente,

está en ser autor dramático.»

Siempre obediente y formal,

seguí el consejo leal.

Hoy vivo de lo que escribo,

y pues vivo como vivo

no debo escribir muy mal.

¡No escribo mal, no, señor!

¡Vaya si soy escritor!

Créanme ustedes a mí.

Hay eximios por ahí

que escriben mucho peor.

Tengo gracia y humorismo...

Me dirán que esto es cinismo.

Lo será, no lo discuto;

pero no he de ser tan bruto

que hable yo mal de mí mismo.

Soy de carácter jovial.

De salud estoy tal cual;

viviendo en un ten con ten.

Unas veces vamos bien

y otras veces vamos mal.

Paso mi vida cantando,

y si estoy de mal humor

—que lo estoy de vez en cuando—

me curo tarareando,

que es el remedio mejor.

De música no he de hablar.

Sobre este particular

no me atrevo a discutir.

Yo tan sólo sé sentir

la música popular.

En mi vida pude yo

entender, ni entenderé,

lo que algún genio expresó

en esas latas en re

y esos infundios en do.

Pero, en cambio, el alma mía

siente emociones extrañas

cuando oigo al caer el día

esa vaga melodía

del canto de mis montañas.

De mi físico, deseo

hablar, para terminar.

Hay quien dice que soy feo,

y, la verdad, no lo creo.

Creo que soy regular.

Y aunque en el retrato estoy

como soy: ¡Feo! No voy

a renegar de mi casta;

pues para mis hijos soy

hermoso, y eso me basta.

¿Que soy largo? ¡Dios lo quiso!

Y así soy hombre de viso.

Y al ser largo me hago cargo

de que en el mundo es preciso

ser como yo soy: ¡Muy largo!

Y por sabido se calla,

que de Trujillo a Tafalla

y de Castellón a Suances,

no hay otro autor de más talla,

ni otro hombre de más alcances.

Y bien merezco el respeto,

pues, sin pecar de indiscreto,

y sin pretensiones raras,

puedo meterme, y me meto,

en camisa de once varas.

¿Queréis discutir? ¡Locura!

No me vengáis con cuestiones,

pues gracias a mi estatura,

rayo siempre a gran altura

en todas las discusiones.

Abur, y basta de chanza.

Mi semblanza se acabó;

pues soy largo y se me alcanza

que ha salido mi semblanza

casi más larga que yo.

 






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