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  Orientales (Pepe Putilla y Caranva Romero)
 

 

 

Orientales

(Oriental 11)

Pe

pe Putilla y Caranva Romero

Corriendo van por las calles

muchos ciegos en manada,

conducidos por zagales

y el rabadán que los manda.

Agarrados por el cuello,

con su maleta y paraguas

van a votar en la ONCE

a la mismita camada.

Delante de la D. G.,

parando el coche oficial,

a una oveja rebelde

decíale el gran rabadán:

-No bales fuerte, cordera,

mira que te van a oír

y entonces no podré

buen cargo darte a ti.

Tengo un puesto por aquí,

otro tengo por allá;

en ninguno harás nada

y bastante cobrarás.

También tengo escondida

alguna que otra agencia

para que por U.P.-ONCE

trabajes con arte y ciencia;.

o comandos intermierdos

que sirven pa lo que sirven:

para pagar favorcitos,

porque rendir, pues no rinden.

Y como por todas partes

extiendo mi señorío,

o te nombro asesora

o a la fundición te envío.

Pero, mi altiva palmera,

mi encendido granado,

has de estar en la higuera

y escribir al dictado.

Aquí se estila el dogal,

el palo o bastón blanco

y la actuación inmoral

que crece por todos lados.

Y los ciegos, ¡a la mierda!

si hasta el cielo se levantan

buscando que no se pierdan

los fines que se maltratan.

Mas tú, insultana eres,

que desiertos mis salones,

pretendes dejar sin seres

que me canten mis canciones.

Mira que te doy pal pelo

y martirios orientales,

desgracias y desvelos,

y cachetazos morales.

Y si me pusieras cuernos

para que adornen mi frente,

te me llevaría al huerto

tachándote de indecente.

Pero si en U.P. te metes,

para tu mente habrá sopor

para tu cuello collarete,

pa tus labios.... ¡cerrador!

-¿Qué me valen tus regalos,

-respondióle la rebelde-,

si nos conduces a palos,

cosa que mucho ofende?

Déjame en paz, dictador,

que piense en libertad,

que actúe sin temor,

y se juegue en igualdad.

Escuchóla el rabadán,

y manoseando su barba,

dijo, como quien medita,

agobiado por la carga:

-Si tus ideas mejores

dices que las mías son;

si son muchos los errores

que cometí como guion,

fue, y te soy sincero,

por la erótica del poder

y el porno del dinero,

que no se pueden perder.

Y si has dado tus amores

a otro grupo perdedor,

ciega de la ONCE, no llores;

y vete con tu rencor.

Y dándole de U.P.

llavero de propaganda

El rabadán de los ciegos

volvió en silencio la espalda.

 

 

 
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