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  Para Héctor Cuando Tenía 8 Años (Caranva Romero)
 

 

 

Héctor El Aventurero

Caranva Romero

Tan sólo 4 Capítulos, porque los demás no pudieron salir)

 

Capítulo I

¿Vosotros conocéis a Héctor? ¡Nooo! Pues bien, no os preocupéis que yo os diré quién es y os contaré sus cuatro primeras aventuras.

Héctor tiene ocho años; no es ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco; tiene el pelo castaño y los ojos grises como Tarzán. Se mueve más que las hojas de los árboles en un día de viento, y, eso sí, es fuerte y duro como una roca y más guapo que un sol de primavera.

Nació..., bueno, en un lugar del mundo llamado Tierra, y salió, como todos los niños, de la barriga de su mamá. De su leche se alimentó, hasta que un buen día dijo que prefería leche con Colacao, cereales machucados y unos estupendos bocadillos. Y comiendo así, fue creciendo hasta cumplir los ocho años que ahora tiene.

Un día, cuando tenía cinco años, en la casa del pueblo de sus abuelos, sucedió, en el momento en que estaba a punto de dormirse, que empezó a oír unos ruiditos. muy cerca de él. Aunque estaba muy cansado después de haber corrido todo el día jugando con sus amigos, no se podía dormir, porque no sabía quién los hacía ni de dónde salían. Escuchó atentamente. Los ruiditos seguían y los oía allí, a su lado. Se quedó quieto, muy quieto escuchando. No veía nada porque era de noche y la luz estaba apagada.

Aunque era valiente, le empezó a entrar un poco de miedo. ¡Y si era una serpiente o una enorme rata que querían morderle! Escuchó con más atención todavía, sin moverse. Los ruiditos procedían del lado donde estaba la mesita de noche. No eran muy fuertes, pero no cesaban. No quería llamar a sus papás porque pensaba que él solo tenía que averiguar quién hacía esos ruiditos.

Se acercó poco a poco a la mesita. Efectivamente, de allí venían. Sacó con muchísimo cuidado la mano de debajo de las sábanas y dio un par de golpecitos en uno de los lados de la mesita. Los ruidos se interrumpieron; pero al poco rato volvieron a oírse. ¿Qué será?, -se preguntaba Héctor. Seguro que es una rata. ¿Qué podía hacer? Sin pensárselo dos veces encendió la luz. Inmediatamente oyó la voz de sus papás que le preguntaban si le pasaba algo. Antes de contestarles, oyó cómo un bicho corría por debajo de la cama y que los ruidos ya no se oían.

-¿Qué te pasa Héctor -insistían sus papás.

-Que estaba oyendo unos ruidos en la mesita y no me podía dormir.

-Anda, duérmete, que no es nada -le dijo su mamá.

-Que sí, que los he oído, y además he oído también cómo un bicho corría por debajo de la cama cuando he encendido la luz.

-Bueno, voy a ver -dijo su papá-, para que te quedes tranquilo.

Se levantó, y entre los dos fueron abriendo primero, los cajones de la mesita, y en uno vieron que había un trozo de queso mordisqueado y un agujero. Después, al ver esto, los dos se metieron debajo de la cama y descubrieron otro agujero en la pared.

-Efectivamente, hijo -dijo su papá-, aquí hay un ratón. Vente a dormir con nosotros, que mañana le vamos a arreglar las cuentas a este visitante nocturno.

Al día siguiente, su papá le preguntó a Héctor qué quería hacer, si intentar atrapar al bicho, envenenarlo o sólo tapar el agujero para que no pudiera salir otra vez.

Y Héctor respondió... ¿Qué respondió?

"Ponga tomate al ratón. ¡Y que el bicho que te he dicho se coma al bicho!"

Capítulo II

Héctor está haciendo ahora el tercer curso de Primaria y se lleva muy bien con todos los compañeros y compañeras de su clase; pero hay dos (Oliver y Benjamín, a los que todos llaman Oly y Benjy) de los que es especialmente amigo, incluso bastantes fines de semana se llaman por teléfono para ir juntos al parque o a otros sitios y tratar de pasárselo bien.

Un día de éstos (concretamente un sábado por la mañana) Oly llamó a Benjy y a Héctor para ver si sus padres los podrían acompañar a un parque próximo a sus respectivas casas, que, por cierto, están también bastante cercanas entre sí. Tras las pertinentes consultas, que resultaron favorables para sus planes, quedaron a las doce en la puerta del parque.

Cuando llegaron, mientras sus padres, sentados en un banco, hablaban de sus cosas, ellos buscaron un lugar apropiado y comenzaron a jugar con un balón que había traído Oly. Después de entrenarse un buen rato, pues formaban parte del equipo de fútbol del colegio, Benjy propuso:

-¿Qué os parece si jugamos ahora un poco con las Game Boys?

-Vale -contestaron Héctor y Oly-. Vamos a buscarlas.

Fueron adonde estaban sus padres, y como habían llevado varios juegos, Héctor dijo:

-Podíamos coger todos el Zafiro.

-Sí, sí -contestaron los otros dos-, así podremos ayudarnos.

Pero al encender la Game Boy Héctor se encontró en la pantalla con un misterioso texto que decía:

Esto es un pergamino; si descifras el mensaje que figura más abajo, encontrarás un tesoro.

Para descifrarlo habrás de sustituir cada guión por la vocal que creas más adecuada.

Mensaje:

c--nd- ll-g--s - c-s- m-r- -n -l b-ls-ll- p-q--ñ- d- l- m-ch-l-.

En cuanto leyó el texto, Héctor dijo:

-Mirad lo que pone en mi Game Boy!

-a ver si es lo mismo que pone en la mía -dijo Oly.

-Pues en la mía también pone algo -gritó Benjy.

Cuando compararon los textos vieron que eran idénticos. Entonces Héctor propuso:

-Vamos a descifrar entre los tres el mensaje.

Capítulo III

Una noche, Héctor tuvo una pesadilla horrible. Apareció en el jardín de una casa, era "La casa del terror". Había luna llena.

De repente oyó unos ruidos dentro de la casa, se acercó a la puerta, vio que estaba abierta y entró. Los ruidos eran en la habitación de arriba, subió las escaleras, pero no veía nada y se cayó en un agujero que apareció por arte de magia. Tuvo suerte porque era un tobogán que bajaba hasta algún sitio.

No sabía dónde estaba y empezó a gritar. Una voz llorosa le dijo:

-Me llamo David. No digas nada, esta casa está llena de fantasmas que atrapan a todos los que entran. Por eso estoy aquí atado, en el sótano.

-Yo te soltaré, respondió Héctor.

Así lo hizo. Entonces se dio cuenta de que David era un esqueleto igualito que él. ¡Vaya sorpresa!

Cuando salían los dos juntos del sótano, para escapar, se encontraron con millones de fantasmas que se acercaban a por ellos.

Estaban aterrorizados. No sabían dónde esconderse. Tenían tanto miedo que se pusieron a temblar, y a temblar, y a temblar, y tanto temblaron que los huesos de los dos esqueletos chocaron unos contra otros armando muchísimo ruido.

Los fantasmas, que no sabían lo que pasaba, huyeron a todo correr.

Héctor y David pudieron salir de la casa.

Cuando Héctor despertó, no recordaba nada. Pero se notó un poco mojado, se había hecho pis en la cama. ¿Se pudo mear de miedo?

Capítulo IV

Ahora voy a contar una extraordinaria aventura que Héctor vivió cuando tenía 6 años y, por tanto, hacía primer curso de Primaria.

Un sábado del mes de enero (aprovechando las rebajas) fue con sus papás a un centro comercial llamado "La pájara pinta" a comprarse unos guantes, una bufanda y una cazadora, porque aquellos días hacía bastante frío.

Una vez allí vio que había una exposición de maquetas de naves espaciales a tamaño real. Entró en una de ellas y empezó a tocar los botones y los mandos, y, de repente... ¡ZAS!, la nave salió disparada.

Después de varias horas de dar vueltas por el espacio, aterrizó en un lugar desconocido. El sitio no le gustó mucho porque ni veía gente, ni veía casas, ni nada de nada.

Al fin notó que de un agujero salía un personaje muy extraño y le preguntó: "¿Dónde estoy? ¿Quién eres?"

-Pues soy Severiano, el marciano. ¿Y tú de dónde sales?

-De Barcelona; Tengo 6 años y estudio en el colegio de "Les Corts" y estoy en 1ºA.

-¿Y eso qué es? ¿Dónde está?

-En Catalunya, España, Europa...: en el Planeta Tierra.

Se hicieron muy amigos. Pero Héctor se notaba raro, algunas veces se le caía alguna lágrima y cada vez estaba más triste. En Marte no estaban sus padres (a los que quería muchísimo) ni sus amigos Oly y Benjy, ni los parques donde acostumbraba a ir a jugar con ellos. No había ni plazas, ni calles, ni puertas..., y para colmo Severiano le daba de comer cosas muy raras que no le gustaban nada de nada. Así que decidió volver. Pero, ¿cómo?

Se lo preguntó a Severiano, el cual le dijo que si quería volver sólo había un modo de hacerlo. Tenía que decirle lo que significaba una palabra marciana.

-¿Cuál es? -preguntó Héctor.

-Métete en la nave en la que viniste -respondió Severiano-. Ahora lee -y le dio un papelito con la siguiente palabra escrita, diciéndole que en cuanto dijera lo que significaba saldría volando como cuando lo hizo desde la Tierra:

BTDAIPPULAKK

Héctor ya sabía leer, pero por más vueltas que le daba a la palabra no conseguía encontrar su significado.

Entonces le dijo Severiano:

-Héctor, deletrea la palabra.

Así lo hizo. Y nada más acabar, la nave despegó a toda velocidad.

Cuando llegó a Barcelona les contó a sus padres, a sus amigos y a todos sus vecinos y vecinas que había estado en Marte y les habló de Severiano, pero nadie le creyó.

¿Y vosotros, os lo creéis? Cuando vayáis a Marte fijaos bien, allí están dos pokemon que se dejó olvidados Héctor.

 

 

 

 
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