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  El Bastón Blanco (Autor Desconocido)
 



  EL BASTÓN BLANCO

  Autor Desconocido
 
 El carpintero examinaba con ojo experto los dos trozos de madera que habían sido un bastón y ahora eran solo eso: dos trozos de madera.
 -Huy jefe, qué mal veo esto. Esta madera es muy vieja y mucho me temo que no voy a poder hacer nada. ¿Desde cuándo usa este bastón?
 El aludido escuchaba este veredicto con rostro inexpresivo medio camuflado tras unas grandes gafas oscuras.
 -Hace más de treinta años, cuando tuve el accidente que me dejó a oscuras. El bastón había sido de mi abuelo que era pastor, y mi padre me lo pintó de blanco.
 -Pues ya le ha hecho bastante servicio. Yo de usted le tiraría y compraría otro
 - Pero ¿ni con cola?
 - Ni con rabo.
 Dos días después:
 Jacinto cerró su quiosco de cupones una hora antes de lo habitual al mediodía, se hizo parar un taxi y se dirigió a la Delegación de la ONCE. Preguntó por la tienda.
 -Buenos días, ¿tienen ustedes bastones?
 -Sí señor ¿cómo lo quiere?
 -Blanco.
 -Ya. Me refiero al tipo, modelo y medida.
 - Ah, pero, ¿no son todos iguales?
 - No señor, hay de muchas clases. Depende de lo que usted necesite.
 - Pues yo qué sé. Uno normal, que sea fuerte, me vaya bien y no sea muy caro.
 - ¿Usted ha hecho clase de bastón?
 - Pues no. No sabía que daban clases de bastón. A mí nadie me ha enseñado nada y he llevado un bastón toda la vida ¿comprende?
 - Sí, pero yo no le puedo vender un bastón si no sabe cómo lo necesita. Lo mejor es consultarlo con un TRB.
 - ¿Con un terrequé?
 - Un Técnico de Rehabilitación Básica. Pregunte en la primera planta.
Jacinto le preguntó a la recepcionista de la primera planta.
 - Querrá decir un TRB. En este momento creo que no hay nadie, pero pregúntele a la secretaria.
 - La secretaria también informó a Jacinto.
 - No, ahora están dando clases, pero les puede esperar aquí, en el pasillo.
 - Y sabe si tardarán mucho? Yo lo único que quiero es comprar un bastón.
 Una hora más tarde.
 -Entonces ¿Es usted el terre...terre...
 - TRB. Sí señor, ¿Qué desea?
 - Verá, es que se me ha roto el bastón que he llevado toda la vida y ahora quiero comprar uno nuevo, y me han dicho en la tienda...
 - ¿Le han enseñado a usted las técnicas del bastón?
 - No, yo he llevado un bastón normal, sin técnicas. Era de mi abuelo y mi padre...
 - Tendría que hacerle una evaluación para saber cómo se maneja usted. Pero tendrá que concertar un día y hora. Para eso tiene que hablar con la Asistente Social. En la puerta del fondo.
 En la puerta del fondo:
 -¿Es aquí la asistenta?
 - ¿Con cuál de ellas quiere hablar?
- No lo sé. Verá, es que se me ha roto el bastón y el señor terrequé me ha dicho que me tiene que hacer una ovulación y que se lo diga a usted.
 - Pues tendrá que venir el último viernes de mes, de aquí a dos semanas. Ahora espere un momento que le tomaré los datos.
 Dos semanas después.
 -Bien Jacinto, ya hemos terminado.
 - Bueno, entonces ¿me venderán ya el bastón?
 - No corra tanto. Antes tendrá que hacer un programa completo de O. y M. y H.V.D.
 - ¿Mande?
 - Un programa completo de Rehabilitación porque tiene usted vicios adquiridos que hay que corregir y problemas de equilibrio y memoria muscular ¿me entiende?
 - Sí, claro, ¿y cuándo empezamos ese programa?
 - Calma, calma, no vaya tan deprisa. De momento tiene que formalizar la solicitud con la Asistente Social.
 Más tarde, en el despacho de la Asistente Social.
 - Firme aquí y aquí. Muy bien, entonces quedamos que tiene que venir el día cuatro, dentro de tres semanas. Ha tenido suerte porque he tenido una cancelación.
 - Pero señorita, eso de la ovu... evolución ¿no es lo que me ha dicho el terrequé?
 - Pero ahora aún le tiene que ver el médico, el oftalmólogo, el psicólogo...ya se lo he explicado. Y acuérdese de traer el análisis de sangre y si tiene algún informe médico o social, también.
 Dos meses después en un bar del Clot:
 -... y el médico me hizo un reconocimiento completo, como para la mili, y oye, el psiquiatra venga a hacer preguntas raras. Y yo alucinao. Así que como he pasado todas las pruebas ahora me internarán en un Centro que se llama Castel...gandolfo o algo así. Tres meses, fíjate, y unos terrequés me enseñaran a ser ciego. Y ya luego si apruebo, me venderán un bastón.
 - Pero ¿qué dices, Jacinto? ¿Que para comprar un bastón de esos te van a encerrar tres meses para que te enteres de que eres ciego? Tú estás pirao.
 - Te lo juro, Antonio. Es que están muy organizaos. Me sale gratis y además me han dicho que se come muy bien.
 - Anda ya, hombre. Mira, por cien euros te fabrico yo un bastón de primera calidad que te va a llevar por donde quieras, ¿hace?
 Dos días después:
 Jacinto cruzaba por un paso de peatones de la Meridiana llevando por delante una caña de bambú de glorioso blanco, que aún atufaba a Titanlux.
 - Hombre, no está mal. No es el cayado del abuelo pero medio vale. Lástima, porque ya tenía a punto el impermeable sin capucha, el chándal y el bañador para el Centro ese. Mira, los guardo, que un día de estos he de ir a comprar un reloj parlante y a lo mejor me vuelven a ovular.

  Si hasta aquí -por esas casualidades de la vida- llegara el autor de este relato y se encontrara con él, quiero decirle que si en lugar de su nombre consta el de Autor Desconocido, es porque no tengo ni idea de cuándo ni quién me lo hizo llegar y mucho menos quién era el padre de la criatura para haber contactado con él, solicitarle el correspondiente permiso y que figurara su nombre como Dios manda y la Iglesia nos enseña.


 
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