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  Recuerdos de Juventud (Ángel Díaz)
 

 

 

Recuerdos de Juventud

Ángel Díaz

Paseaban por la calle Sergi y su abuelo y vieron unos contenedores donde los vecinos tenían que introducir los deshechos de sus casas para reciclarlos. Había unos de basura, otros de vidrio, otros de cartones, y papeles, otros de productos orgánicos y otros de ropas.

Sergi le preguntó a su abuelo:

-¿Cuando tu eras pequeño, también se reciclaban los materiales y productos de deshecho en las casas, como ahora?

-Claro que sí, lo que pasaba es que existían otros métodos más rudimentarios.

-Sí. ¿Y cómo lo hacían?

-De las casas salían pocas cosas. Mira, en casi todas las casas habían animales que se comían los desechos orgánicos. Había gallinas, patos, cerdos, gatos, perros y hasta perdices.

-¿Vosotros también teníais estos animales?

-Claro, teníamos gallinas, un gallo, un cerdo, perdigones y un gato, bueno a veces dos. Cuando comíamos, las sobras se las poníamos en un platito, donde siempre comía el gato. No le dábamos piensos especiales para gatos, como ahora. Estos animales y los perros se alimentaban de los restos de las comidas de sus amos, y estaban lustrosos. Los restos de las frutas, cáscaras de melones, sandías y otros se las comía el cerdo, pero siempre se guardaban unos trozos y se picaban en trocitos muy pequeños y se les daban a las gallinas y a los perdigones. Mi padre tenía dos perdigones y en la época de caza solía salir con un amigo, a cazar al puesto.

-¿Y cómo lo hacían?

-Mi padre había hecho unos comederos de madera y ahí se les ponía, la cebada, el maíz, el trigo, esto pocas veces, y las hojas de lechugas y otras verduras, picadas en trozos muy pequeños, y éste era su alimento esencial, como ves, nada se tiraba al cubo de la basura. Cuando llegaba la época de la caza, él se iba con un amigo y cogían las jaulas de los perdigones y se iban al campo. Buscaba, una zona donde habían oído cantar a las perdices y allí ocultaban la jaula y ello se escondían. El pájaro de la jaula, cantaba y entonces venía la perdiz al canto del perdigón y cuando se acercaba donde estaban los dos cazadores, la cazaban.

-¿El pan también?

-El pan era el que más se aprovechaba. El pan duraba varios días sin ponerse duro, no como ahora que al día siguiente no se puede comer. Se comía mucho pan, porque era lo más barato y básico, había que llenar el estómago de pan, y después los otros alimentos, carne, pescado, embutidos caseros, en menos cantidad. El pan se guardaba, cuando se ponía duro. Un día, se hacían sopas de tomate, buenísimas, sopas de leche para desayunar, tostadas con mollejas (esto era un producto que se sacaba del cerdo a base de manteca guisada y el hígado frito y rallado, todo mezclado), era un desayuno y cena ideal. Tostadas con aceite y sal. También se hacías pringadas, (pan frito), con miel, o con mermelada casera, torrijas (con leche, pan frito y huevos), migas con torreznos, (trozos de tocino frito), ajos fritos, pimientos fritos, un poco de pimentón rojo. Además éste era el desayuno típico de las matanzas. Se hacían tostones, cubitos de pan frito para acompañar otras comidas, como las sopas, o purés etc. Si aún sobraba pan porque estaba demasiado duro, se mojaba en agua y se les daba a las gallinas, que disfrutaban con esta comida.

¿Sabes, Sergi, la pena que me daba a mi cuando estaba en el colegio?

-¿Cuál, abuelo?

-Cuando veía a los niños tirar los bocadillos que le daban sus padres para comer a la hora del patio. Y que ahora los niños se alimenten a base de pastas, chuches y un montón de comidas que solo tienen grasas y productos de baja calidad que hacen engordar a los niños.

-¿Y vosotros qué meriendas comíais cuando llegabais a casa al salir del colegio?

-Recursos había muy pocos en aquella época. Una rebanada de pan con aceite y azúcar, pan con aceite y sal, pan con manteca y azúcar, pan con chocolate, cuando lo daban con las cartillas de racionamiento y era malísimo. Como ves, todo así a base de un buen trozo de pan y un poquito de "condío", como mi abuela decía: "Niños hay que comer mucho pan y poco "condío". Por eso cuando el abuelo veía en el patio trozo de bocadillo y hasta bocadillos enteros, con trozos de chorizo, salchichón... pensaba, si mi abuela viera esto se hubiera enfadado muchísimo.

-Abuelo, en aquella época ¿No había neveras, ni frigoríficos?

-No.

-Entonces ¿cómo conservaban la leche y otros productos perecederos del calor?

-En las casas había una habitación que se llamaba despensa, que estaba ubicada en la zona de la casa más fresca y allí se guardaban todos estos productos. Las paredes de las casas eran muy gruesas, en aquella época y preservaban las casas del frío y del calor.

-Abuelo ¿la leche se vendía en botellas como ahora?

-No. Ten en cuenta que la leche era fresca del día, había unas señoras que se llamaban lecheras que iban por las casas vendiendo la leche de sus vacas, los maridos las ordeñaban y las mujeres la vendían. Llevaban un cántaro de zinc y dos medidas, una de cuarto de litro y otra de medio litro. Con esos recipientes medían la leche que necesitaba cada persona.

Con esta leche había que tener mucho cuidado porque si no la hervías enseguida, se cortaba.

-¿Qué quiere decir que la leche se cortaba

-Pues mira, la ponías en un recipiente al fuego y se convertía en grumos y se agriaba, entonces había que tirarla, así que enseguida que se compraba se hervía porque así duraba más. Esta leche cuando se enfriaba criaba una nata de casi medio centímetro de grosor.

-¿Para qué servía esa nata?.

-Tenía muchas aplicaciones. Verás, nos la comíamos mezclada con la leche. Otras veces nuestras madres la guardaban en un vaso y cuando estaba lleno hacían magdalenas, rosquillas, bizcochos y una variedad de dulces que usábamos para el desayuno y merienda. También la poníamos encima de una rebanada de pan, le añadíamos azúcar y para merendar era buenísima. La leche que se vende ahora, ya viene desnatada o con poca nata y no se pueden hacer estos productos. Mira, cuando a las lecheras les sobraba leche hacían quesos.

-¿Cómo lo hacían?

-No era muy fácil. Cocían la leche con un producto que llamaban "cuajo" y cuando estaba a punto se veía la leche con muchos grumos, esto era el queso, y desprendía un líquido que era el suero. El grumo lo ponían en unos moldes de zinc , circulares, con muchos agujeros laterales. Iban metiendo el producto y apretaban con las manos y se iba formando el queso y por los agujeros salía el suero. Luego se le ponía sal y se dejaba unos días en los moldes hasta que se pegaban los grumos y ya estaba el queso hecho.

-Abuelo, ¿y el suero se tiraba?

-No, Sergi, no, estamos hablando de reciclaje. Ese caldo se hervía, se le añadía azúcar y pan duro y se hacían unas sopas estupendas. Y si sobraba mucho y había animales en casa, como cerditos, gatos etc. ellos se lo bebían.

-Igual que ahora abuelo, el pan, al día siguiente se tira porque no se puede comer.

-Sí, llevas razón.

-¿Antes duraba más?

-Claro, le ponían otros productos más naturales y duraba mucho tiempo antes de ponerse duro. Nosotros teníamos unos vecinos, la familia Palomero, que eran muy amigos y vivían en el campo, a varios kilómetros del pueblo, porque tenían vacas y otros animales y venían cada siete u ocho días, para traer el queso y llevarse el pan y como le apreciaban y cuidaban, el pan les duraba mucho.

-Abuelo, ¿el aceite también se reciclaba?.

-Sí, también. Ahora verás. Cuando cogían las aceitunas de los olivares las llevaban a la almazara, las almacenaban en unos departamentos hasta que les llegaba la hora de ir al molino. El molino era una plataforma cilíndrica donde había dos enormes piedras de granito en forma de tronco de cono. Unos burros hacían mover y girar esas piedras e iban

triturando las olivas y las exprimían hasta que dejaba todo el aceite. El primer aceite que salía era muy bueno, de excelente calidad y se vendía más caro. Cuando comenzaba a salir un poco más turbio, era de menor calidad y lo guardaban en otros recipientes y por último lo que quedaba era el de orujo, que se volvía a exprimir y salía un aceite negruzco, que era bastante malo. El aceite que se usaba para hacer comidas, aliñar ensaladas, untar en el pan, etc. era el mejor. El segundo aceite, se solía usar para freir, pero solamente se podía usar un par de veces porque se ponía oscuro y si era de pescado olía mucho a pez.

-Abuelo, ¿este aceite se tiraba?

-Normalmente no, porque había muchas personas que hacían jabón con él.

-Con el aceite tan malo, ¿cómo lo hacían?

-Mira, se guardaba en una olla y cuando estaba llena se mezclaba con sosa cáustica y se hervía, salían dos productos, el jabón sólido y la lejía negra, mejor dicho de un color marrón oscuro. El jabón se ponía en unas cajas de madera o lata forradas de papel de periódico y se esperaba hasta que estuviera duro. Como en esa época no había jabones en polvos, era muy utilizado para lavar la ropa y otros enseres de la casa y cocina.

--¿Por qué se hacía el jabón en casa?

-Primero porque no tenían que tirarlo, ya que no había un sitio específico para éllo y también porque salía más barato que el que vendían en el mercado y era también muy bueno.

-Entonces ¿la lejía, ¿se tiraba?

-No, se guardaba en unos recipientes de vidrio y cuando había que limpiar algún cubo o recipiente viejo de la casa, se usaba. Al final quedaba en el molino una pasta que se llamaba orujo que se volvía prensar y se aprovechaba obteniendo el aceite de orujo, de peor calidad, y el resto se tiraba al campo y creo que la quemaban, y la hacían desaparecer. ¡Ah! Con restos de tocino añejo, ya usado en el cocido, también se hacía jabón.

-Y la uva, ¿también tenía elementos que se reciclaban?

-Sí.

-Explícamelo.

-Cuando llegaba la época de vendimia allá por el mes de septiembre, los vendimiadores traían las uvas a las bodegas. En medio había unos depósitos rectangulares o circulares de un metro aproximadamente de profundidad y allí las echaban. Habían unos hombres que estaban descalzos y con pantalón corto y las iban pisando hasta que las convertían en caldo. Este se pasaba por una prensa y salía el mosto, que se metía en unas tinajas y se convertía en vino cuando fermentaba. El resto era las heces, que procedían de los racimos y la piel de las uvas. Esto sí se tiraba. Te voy a contar una anécdota que me contaron en un pueblo donde estuve de maestro, por primera vez, se llamaba La Puebla de Sancho Pérez.

Contaba la gente del pueblo que un señor bajó del tren para comprar no sé qué, si una bebida o un bocadillo y se le escapó el tren. Este señor tenía que pasar todo el día en el pueblo, ya que hasta la noche no pasaba otro tren. Se fue a dar un paseo por el pueblo y por los alrededores y cuál fue su sorpresa al ver a los campesinos llevando carros cargados de estos restos de la prensa de las uvas. Se le ocurrió preguntar al dueño de uno de los carros que dónde iban con esos carros cargados. El agricultor le contestó, que a tirarlos a unos tres kilómetros del pueblo para que allí se pudrieran, ya que el alcalde no autorizaba que lo tiraran cerca de las casas.

Este señor vio que había por allí un terreno cercado con un almacén. Preguntó qué de quién era esa finca, y unos vecinos le acompañaron a la casa donde vivía el propietario. Estos señores hablaron y se pusieron de acuerdo y compró la finca.

-¿Para qué la quería? Abuelo.

-Ya verás, reunió a los señores agricultores que llevaban los carros cargados de estos restos de uva y les dijo que él les pagaría veinticinco céntimos por cada kilo, si en vez de llevarlos al vertedero, se lo daban a él. Los agricultores no dudaron ni un momento, todos los carros en vez de llevarlos a tres kilómetros del pueblo los dejarían al lado de las casas y además cobrarían.

- Ese dinero.

-Era muy poco.

-Pues en aquella época era bastante. Imagínate si llevaban cien kilos, les daba veinticinco pesetas. Y un hombre durante ocho horas de trabajo solía ganar de quince a veinte pesetas al día.

-¿Y para qué quería ese señor esos deshechos?

-Mira, Sergi, compró unas maquinarias y serpentines y los destilaba y obtenía alcohol. Con eso montó una fábrica de alcohol y se hizo rico.

-Abuelo, ¿qué era un serpentín?

-Era un recipiente grande para destilar las heces con agua y un horno para el fuego, la caldera, de donde salía un tubo enrollado que pasaba por un depósito de agua fría y cuando hervía el contenido de las heces y el agua, bien mezclados, salía un vapor que al pasar por el agua fría se convertía en líquido y ese líquido era el alcohol. El resto que quedaba, lo quemaban.

-Abuelo, ¿y el vidrio, como se reciclaba?

-Las botellas de cristal, si eran bonitas, se guardaban para decoración, y las que tenían dibujos labrados, como las de anís, por ejemplo, se usaban para poner el vino, el aceite, el vinagre, etc. porque entonces se compraban la mayoría de estos productos a granel. ¡Ah! y las de anís, se guardaban para hacer música con la zambomba el día de Nochebuena, con una cuchara o cualquier objeto metálico se rozaba en la botella y hacía un sonido característico que acompañaba a la zambomba. Las menos bonitas, se guardaban en una caja y cuando pasaba el trapero, se las vendían y te daban unos céntimos. Había bastantes botellas, ya que en esa época no se utilizaba el plástico para estos fines. A veces, algunas de las botellas más bonitas las llenaban de agua y les ponían unos polvos de colores, anilina roja, azul, verde, y el agua se volvía de ese color y decoraban los chineros de las casas y quedaban muy bien.

-¿Qué eran los chineros, abuelo?

-Los chineros eran unos muebles que guardaban la vajilla, vasos, jarras y demás utensilios de cristal.

-¿Y los cartones?

-Las cajas de cartón había pocas y no se rompían, se desmontaban y se apilaban en las buhardillas. Cuando algún vecino necesitaba alguna caja, se le daba y el resto iban a parar al trapero, que era el que generalmente se llevaba el material que no se podía aprovechar.

-Abuelo, ¿también vendían los papeles?

-Los papeles tampoco eran abundantes y se usaban para encender los hornillos, y los braseros y envolver alguna cosa. El plástico no se conocía y cuando ibas a comprar, un producto lo envolvían en unas bolsas de papel o en papeles de estraza.

-¿Y qué era eso, abuelo?

-Eran unos papeles más gruesos que llevaban impregnada una sustancia que impedía que el contenido manchase las cosas que había alrededor. Mira, cuando íbamos a comprar sardinas o cualquier pescado, te lo envolvían en papel de estraza y luego alrededor lo volvían a envolver con papel de periódico y así el pescado, no soltaba nada de líquido y los demás productos no se manchaban ni sabían a pescado. Si había algún papel manchado, ese sí se guardaba con los materiales que se llevaba el trapero.

-Abuelo, ¿y la ropa vieja que hacíais con élla?

-¡Uf! Había poca ropa, normalmente teníamos un traje, para los domingos, días festivos y si íbamos a alguna boda o bautizo, o sea una fiesta familiar, que esto ocurría de tarde en tarde. Cuando llegaba la feria, era la fecha idónea para cambiar el ropero. Si te compraban un traje nuevo, era el que se usaba para los domingos o alguna fiesta especial, y la otra ropa pasaba a segunda categoría, es decir, a diario. Entonces la ropa de diario era la más gastada. Cuando la ropa estaba muy, pero que muy usada, se intentaba aprovechar para obtener trapos, para secar la vajilla, trapos para el polvo, para hacer "sacuidores" para el polvo, para limpiar los cristales, en fin para uso doméstico de limpieza. Y la otra ropa, la que no servía para nada, se guardaba en sacos hasta que se la llevaba el trapero, que junto con los cartones, botellas, alpargatas y zapatos viejos y otros objetos raros, iban al trapero, y así te ayudaba a quitar chismes de las casas, y a cambio te dejaba, algún plato, jarra, vasos, o sea, vajillas barata, y con defecto, que es lo que llevaban estos señores. Había señoras que estos restos de ropa, los usaban para hacer mantas, para ponerlas debajo del colchón, para que la tela metálica del somier, no se oxidase. Cortaban las telas en tiras muy estrechas y finas, y hacían grandes pelotas de esas telas, cuando tenían, creo que cinco o siete kilos. Las llevaban a una casa que tejían y hacían esas mantas. También se usaron posteriormente, para hacer fundas de coches. Yo recuerdo que para el primer coche que tuve, mi madre me hizo unas fundas de estas telas, que quedaban muy bonitas porque combinaban los colores y quedaban muy bien y originales. Nosotros los muchachos, a veces, íbamos al saco y cogíamos trozos de telas, las más gruesas y las cortábamos a tiras y hacíamos una pelota de trapo, que nos valía para hacer partidos de fútbol, entre nosotros. Las pelotas de aquella época eran de goma y no las teníamos todos, solamente aquel niño que tenía un familiar en Barcelona, Madrid o Bilbao y cuando venía de vacaciones al pueblo casi siempre les traían una de regalo.

Generalmente el que tenía esas pelotas, era un crío que jugaba muy mal, pero como era el dueño de la pelota, él jugaba todo el tiempo y el resto solamente jugábamos un rato, cuando nos tocaba y si al dueño de la pelota le parecía bien. Todas las casas tenían un estercolero en el corral, allí se tiraban los productos orgánicos que se podían descomponer. La mayor parte del pueblo no tenía agua corriente ni desagües de cloacas en las casas. Esto era un privilegio de la gente que vivía en el centro, las demás personas todas las aguas, que se llamaban sucias, que procedían de lavar la ropa, fregar los útiles de cocina, etc. etc. nuestras madres las recogían en un cubo viejo, que solo se usaba para eso, y las tiraban a las rejillas, o sea un depósito que comunicaba con las cloacas. El agua limpia se iba a buscar a una fuente pública que estaba a unos 100 metros de casa y se traía con un cántaro de zinc, un cubo de zinc o cántaros de barro. En las casas generalmente había dos tinajas de barro, una más grande que la otra. La más pequeña estaba dentro de la casa en alguna dependencia que estuviera fresca, generalmente en la despensa y estaba tapada con una tapadera de madera con un asa muy bonita y un vaso de porcelana con asa, para sacar el agua para beber y cubierta con un tapete de tela bordado, muy bonito. Cuando se iba a comer, se iba a la tinaja y se llenaba una jarra de agua para beber durante las comidas. Los hombres solían beber uno o dos vasitos de vino, las mamás y los niños, agua. El agua estaba muy fresquita. La otra tinaja estaba en el patio. Había unos canalones debajo de las tejas que cogían el agua de las lluvias y la llevaban a esta gran tinaja y tenían el agua fina, que era muy buena para cocer los garbanzos, toda clase de legumbres y las verduras y también se usaba para lavar la ropa. Estas tinajas estaban tapadas. Se fregaban, se lavaban y se desinfectaban con frecuencia para que el agua no cogiera ninguna bacteria y produjera infección intestinal, porque generalmente en verano llovía poco o casi nada y podrían producirse. Cuando no llovía estaban tapadas. Había una señora, que era muy popular, a mi me hacía mucha gracia, era la tía "cagajonera", que iba por las calles cogiendo los cagajones..

-Abuelo, ¿y qué era eso?

-Miras Sergi, los cagajones, eran los excrementos de los

caballos, mulas y burros.

-¡Qué asco, abuelo! ¿Y los cogía con las manos?

-No, hombre, no. Llevaba unos guantes de lana, un recogedor pequeño y una escobita, y los iba echando en un cubo viejo, y cuando llenaba el cubo lo iba a vaciar en el estercolero de su casa. Así hacía un abono orgánico muy bueno y lo vendía, a los labradores y a las señoras que lo iban a comprar para abonar las macetas.

-Abuelo, ¿estaba esta señora todo el día cogiendo cagajones?

-No, solía salir por las mañanas temprano, cuando los labradores y campesinos sacaban sus animales para ir a trabajar al campo, y se cagaban por las calles. Así cada día, ganaba un dinero y al mismo tiempo hacía una buena labor de limpieza en las calles.

-Abuelo, ¿entonces no limpiaban las calles los barrenderos?

-En el pueblo había barrenderos, pero solo barrían las calles del centro, las demás calles las barrían las dueñas de cada casa. Normalmente las puertas de las casas y las aceras de las calles se barrían y regaban cada día.

-Abuelo, ¿los estercoleros dentro de las casas olían mucho?

-Mira, los estercoleros estaban en los corrales al aire libre, y se echaban todos los días un cubo de paja y al estar bien ventilado, no solían oler, a no ser que la familia fuese un poco marrana y no los cuidara. Yo te voy a explicar cómo cuidaban el estercolero de casa de mi abuela y mis padres. Una parte del estercolero estaba cubierto y allí estaba el water de nuestra familia. Tenía techo, una puerta y una ventana, para ventilar bien el aseo. Al otro lado había otra zona cubierta, también con tejado, y una puerta, que era la pocilga, cuadra del cerdo. Esta cuadra tenía una ventana que daba al estercolero por donde mi padre tiraba los excrementos del cerdo al estercolero cuando limpiaba la pocilga.

También tenía un orificio en el suelo por donde los orines y el agua que vertía el cerdo al beber se iban al estercolero y así el cerdo siembre tenía la zahurda seca. El centro estaba al aire, y tenía una puerta para tirar la paja, y poner la comida de las gallinas y recoger los huevos de los ponederos. Cuando echaba mi abuela la paja a las gallinas se ponían muy contentas y la escarbaban con las patas y la repartían por todo el estercolero, comiéndose los granos de trigo que había y los bichitos y gusanitos que salían al escarbar.

-Abuelo, ¿Qué pasaba cuando se llenaba el estercolero de excrementos?

-Muy buena pregunta. Venían los labradores, con un carro, a final de septiembre, cuando habían acabado la recolección, y se lo llevaban todo y abonaban sus campos y dejaban el hueco del estercolero vacío. Entonces sí que olía un poco, pero las mujeres, rápidamente, cuando terminaban, barrían la casa la fregaban ponían lejía y desaparecía el olor. A los pocos días traían a las casas, donde se habían llevado el estiércol, un carro de paja, que se guardaba toda en la buhardilla y se iba sacando cuando se necesitaba. La paja había que entrarla dentro con sacos y las vaciábamos en las buhardillas. Los chavales disfrutábamos una barbaridad porque en vez de ayudar lo que hacíamos era tirarnos al montón de paja y la esparcíamos por el suelo, y siempre había peleas con los dueños de la paja.

-Abuelo, ¿de dónde sacaban la paja los labradores?

-Después de la siega, los labradores llevaban las gavillas de trigo y cebada a la era, las dejaban un tiempo al sol para que se secaran bien. Las extendían por el suelo y subían un trillo, tirado por una o dos mulas e iban cortando las gavillas hasta que se separaban la paja del trigo. Las mulas tenían la cabeza tapada porque daban vueltas al montón de trigo y así no se mareaban.

-¿Qué era un trillo?

-Era una plataforma de madera muy pesada que tenían unos rodillos de hierro cortantes que iban girando y cortaban las gavillas y separaban el trigo de la paja. Luego lo iban venteando. El viento amontonaba la paja en un lugar, porque pesaba menos, y quedaba limpio el trigo o la cebada y los metían en sacos, los llevaban a las casas y extendían los granos por sus dependencias hasta que se secaba del todo. La paja se metía en los carros y las llevaban a las casas de donde habían sacado el estiércol o la vendían, quedándose siempre la que los labradores necesitaban para ellos. Este tipo de reciclaje no era como el de ahora pero, perecía una industria dentro de las casas. Yo creo que más que una industria eran varias, porque como has visto se reciclaba todo y no tenías que sacar las basuras todas las noches a los contenedores.

-¿Pero había contenedores?

-No, ¿no has visto que todo se hacía dentro de cada vivienda? Por las calles del centro del pueblo, pasaban cada día un carro o un camión de basura y las personas tiraban allí todos los escombros y cosas sucias que no valían en la casa. Las casas tenían varias dependencias. A la entrada, las habitaciones, el comedor y alguna salita pequeña. Después estaba el patio, donde se encontraba la cocina. Los patios solían estar cubiertos de baldosas o cemento. Después venía el corral, con el estercolero y las cuadras de los animales, si los habían en las casas. Generalmente en los estercoleros estaban las gallinas, el gallo, patos, y otras aves. Había una caja con una puerta por donde entraban las gallinas a poner los huevos. Esto era el nidal o ponedero, solía estar con paja y siempre muy limpio. Por unas puertecitas entraban las gallinas y en una de las dependencias interiores ponían los huevos y luego mi abuela o nosotros los cogíamos. Casi todas las casas tenían un hermoso gallo que era el que guardaba a las gallinas y las fecundaba. A los gallos se les cuidaba muy bien porque para Navidad se les mataba y era la comida típica de esas fiestas. Las plumas de las alas del gallo solían ser muy bonitas y se guardaban para decorar. Las del cuerpo, se llamaban plumones se quitaban y se guardaban.

-Abuelo, ¿cómo se les quitaban las plumas?

-Era muy fácil, primero se calentaba agua, muy, pero que muy caliente y luego al gallo o la gallina, se le metía en un baño y una vez muerto, se le echaba el agua caliente encima y las plumas se les quitaban muy bien, tirando de ellas.

-Abuelo, ¿las plumas también se reciclaban?

-Claro que sí. Mira, se lavaban bien y se ponían a secar y como eran muy suaves, se usaban para hacer el relleno de los cojines y las almohadas. Y las grandes, las de los gallos, especialmente, y las de las gallinas, si eran bonitas, servían para decorar.

-¿Te ha gustado cómo se reciclaba antiguamente en las casas?. ¿Verdad que éramos más civilizados que la gente de hoy? A pesar de que hoy se tengan más medios y muchos contenedores... y también mucha basura por las calles.

-Sí, abuelo, tienes razón.

 

 

 
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