SIÉNTATE CONMIGO
  El Sastre y el Avaro, Fábula (Juan Eugenio Hartzenbusch)
 

 

 

El Sastre y el Avaro

Juan Eugenio Hartzenbusch

Hay gente que dice cólega

y epígrama y estaláctita,

púpitre, méndigo, sútiles,

hóstiles, córola y áuriga.

Se oye a muchísimos périto,

y alguno pronuncia mámpara,

díploma, erúdito, pérfume,

Pérsiles, Tíbulo y Sáavedra.

Los que introducen esdrújulos

contra el origen y práctica,

imitación de su método

lean la presente fábula.

Sabrán, si me escuchan ústedes,

que hubo un tal Pedrillo Zápata,

sastre titular del Cóncejo

de no sé qué villa mánchega.

Era comilón Períquito

y algo amigo de la gándaya;

sin embargo, bien a ménudo,

lista su labor despáchaba.

Vivía en su pueblo un rícote,

cicatero sobre mánera,

que le encargó que le cósiera

calzones, chaleco y cháqueta.

Costumbre de pueblo péqueño

es, muy general y sábida,

que al sastre le dé la cómida

el mismo para quien trábaja.

Cose a vista del parróquiano,

engulle, según se trátara,

buen almuerzo y rico púchero,

cena, y se acabó la fátiga.

A casa de don Ceférino

se fue mi sastre de máñana;

sirviéronle su desáyuno,

y seda previno y águjas.

«Ea -dijo-, hasta que Isídoro,

tocando la gorda cámpana,

la hora de comer no séñale,

coso sin alzar la cábeza».

Echóse a pensar el ávaro

si en fuerza de aquellas pálabras

del sastre salir le púdiera

la manutención más bárata.

«¿Quieres -le propuso a Périco-

la olla comerte prepárada,

y hasta la cena seguídito

proseguir luego la tárea?»

Respondió el sastre: «Me acómoda,

y aun si la cena me sácaran,

me la engullera: mi apétito

no corre con hora márcada».

«Corriente -contestó el rícacho-:

vas a comer de una zámpada

para el día de hoy por cómpleto,

y coses luego sin párada».

«La mitad sobra, de séguro

-dijo el ruin para su cámisa-:

ni un avestruz que se púsiera

tanto en el buche se encájara».

«¡Vamos! -gritó-: ¡Pronto, próntito!:

corta la sopa y la ensálada,

y a Pedro sírvele en séguida

la olla y de cenar, Baltásara».

Dánsela y trágalo tódito,

y dice después de lá-cena:

«Yo en cenando no doy púntada;

buenas noches, voyme a lá-cama».

La salida del sastrécito

fue una solemne tunántada,

mas de burlar a misérables

ni un místico se escandáliza.

 

 

(fábula)
 
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