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  Erratas (La Nación, Argentina)
 




La Nación LUNES 13 de enero de 2003

Noticias - Cultura

Nota

Curioso libro de un editor español

Un recorrido por la vida de la errata

Cuenta que algunas producen risa y otras llevan a la muerte

SEVILLA (EFE).- El editor y erudito José Esteban ha escrito un "Vituperio (y algún elogio) de la errata", un recorrido por la historia de la errata sobre la base de ejemplos, desde los más hilarantes hasta otros que causaron tanto disgusto que provocaron la muerte de un papa en Roma. Fue Clemente XI el pontífice que al ver sus homilías recién impresas descubrió una errata de bulto, lo que le produjo una apoplejía de la que murió a las pocas horas. Otras erratas, mucho menos trágicas, conducen a la risa, como la de la novela "Arroz y tartana", del escritor español Vicente Blasco Ibáñez, que en su primera edición decía: "Aquella mañana, doña Manuela se levantó con el coño (por ceño) fruncido". O la que sufrió el también poeta español Ramón de Garciasol, en un verso que en vez de decir "Y Mariuca se duerme y yo me voy de puntillas" dice "Y Mariuca se duerme y yo me voy de putillas". A veces, la sola ausencia de una tilde conduce a la fatalidad, como aquel que dijo necesitar una secretaria con "ingles" en vez de inglés. Otras veces, la errata le cuesta el empleo a su responsable, como cuenta el novelista argentino Manuel Ugarte al referir el caso de un periodista que, al dedicar un escrito a la hija del dueño del rotativo, quiso escribir "Basta escribir su nombre, Mercedes, para que se sienta orgullosa la tinta", pero escribió "la tonta". También fue embarazosa la situación de un crítico que dedicó un libro suyo a una condesa escribiendo que su "exquisito busto (por "gusto") conocemos bien todos sus amigos". Las erratas no respetan ni los títulos de los libros; así, "La feria de los discretos", del autor vasco Pío Baroja, conoció una edición como "La feria de los desiertos", o una "Breve historia del altruismo argentino", que en realidad lo era del "ultraísmo", o un drama que se llevó a la cartelera con el título "La expulsión de los mariscos" (por moriscos), o la obra de Dumas que llegó a publicarse como "La dama de las camellas", en vez de "camelias".

Más erratas que versos

Algunas veces las erratas parece que se reprodujeran entre sí, como el caso de las obras del cardenal Bellarmin, cuya "Fe de erratas" precisó de un volumen aparte, de 88 páginas, o un libro de poemas del mexicano Alfonso Reyes, que tenía tantas que suscitó el comentario escrito de Ventura García Calderón: "Nuestro amigo Reyes acaba de publicar un libro de erratas acompañado de algunos versos".

 

 

 
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