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  Recuerdos Sexogenarios (Ángel Martín-Blas)
 

 

 

Recuerdos "Sexogenarios"

Ángel Martín-Blas

(Memoria y brindis)

El Cole, el de la frontera,

nos convirtió casi en curas

Hoy -ya personas maduras-,

¿encontramos la manera

de olvidar aquella era

en que las pasamos duras?

¿O no es verdad que vivimos

momentos de frustración,

porque la masturbación

con dificultad vencimos,

pues, según lo que aprendimos,

era insana tentación?

¿No es verdad que las mujeres

(a pesar de que decían

que eran malas) nos hacían

imaginar mil placeres

y olvidar los menesteres

que los mandos imponían?

Don Fernando, don Manuel,

Padre Arteaga y las hermanas

nos zurraban sus badanas

y decían: "¡Ay de aquél,

que se toque alguna piel

para acallarse las ganas!"

Sólo había un argumento

de moral -ya trasnochada-:

el seguir la fiel llamada

de pureza (vil tormento,

porque el sexo mandamiento

era cruz nunca aceptada).

Pues la carne era muy fuerte...

Cuando entraba ansiosa gana

de una paja "meneana",

cada cual echaba en suerte:

o me juego aquí la muerte,

o al infierno voy mañana.

Si venía un "auxiliar",

a vigilar nuestro sueño,

oía que, con empeño,

muchos hacían sonar

su colchón, al menear

lo que notaban cual leño.

Y, ¡claro!, al día siguiente,

con ojeras y forzados,

¡a confesar los pecados!,

pues veíamos patente

que, no siendo penitentes,

¡al Infierno condenados!

El confesor preguntaba:

--"¿Cuántas veces, hijo mío,

cometiste el desvarío?"

Y el confeso contestaba:

--"Muchas, padre. Uno acaba-

y, al rato, otra vez al lío".

--"Tres salves de penitencia,

y un rosario -y añadía:

y, si esa guarra manía

no se acaba-, una advertencia:

o practicas la abstinencia,

o, si no-, ¡la cirujía!".

Y pensaba el confesado:

"Con razón dice la gente

que, si un cura es hoy decente,

es porque está bien capado;

mas la fama ha demostrado

que es un bulo muy patente."

Hoy, pasado ya algún año,

recordamos de memoria

que con la jaculatoria

reducíamos tamaño

de la cosa, pues antaño,

si caías, ¡adiós, gloria!

Así, pues, mis compañeros:

si vamos llegando a viejos

--rotos prejuicios añejos

y con los trastos enteros--,

no seamos majaderos,

bebamos y... ¡a ser pellejos!

Gloriosos años del colegio de La Inmaculada Concepción de la ONCE de Madrid
Madrid, 27 de Junio de 2009

(En la Casa de Castilla-La Mancha)

 

 

 

 
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