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  ¿Me Da Usted Candela? (Rafael de León)
 

 

 

¿Me Da Usted Candela?

Rafael de León

¿ME DA USTÉ CANDELA?

Perdone usté, caballero.

¿Quiere usté darme candela?

Mil grasias... er farolero

que ensiende esta callejuela

parese que s'ha dormío...

no es sitio muy de mi gusto...

tan solo... tan escondío...

como pa llevarse un susto.

Claro que, pa dos valientes

que sargan desafiaos,

éste es un sitio imponente...

y pa los enamoraos,

cuando la luz se retira

y viene ya anocheciendo

y él va disiendo mentiras

y ella se las va creyendo.

¡Qué casualidá, señores!

a usté lo conozco yo.

¿Usté no se llama Flores

y vive en Amor de Dio?

¿Dónde le he visto yo a usté?

Tal vez en la barbería

o en la Puerta de Jeré,

o en una fotografía,

sobre un marco mu bonito

de peluche carmesí...

y escrito: "a mi Rosarito,

de su nene Pedro Luí".

Es una condisión rara

que tienen los de mi quinta,

que en contemplando una cara

ya nunca se nos despinta.

Si Sevilla es un pañuelo...

ya ve usté qué grasia tiene...

Yo, ar pronto, dije —¡un mochuelo!

Y resurta que es... er nene.

Con su buen sigarro puro,

su tirilla armidoná

y metiéndose en lo oscuro

como un hombre de verdá.

Y es que, por esta calleja,

se corta pa Puerta Osario,

pero allí no está la reja

de esa muchacha, Rosario.

Allí hay unos ojos verdes

de bicho de mal agüero,

que el que los mira, se pierde...

¡No vaya usté, compañero!

Esa Marijuana Sánchez

que le espera en el zaguán,

tiene ya cuatro reenganches

y sabe más que Briján.

Con esto, yo no le quito

que vaya usté donde quiera...

tó pué sé que... Rosarito,

cuando se entere, se muera.

Pero, claro, usté es un nene

grasioso y enamorao,

con buen tipo y muchos bienes

y novias por toos los laos.

Rosario... una menudencia;

bonitilla... y sin parné;

pero tiene más desensia

que toa su casta de usté.

Y da la casolidá

que, desde que ella ha nasío,

cuando tiene que firmá

firma con mis apellíos.

Der coló de la senisa

se le pone a usté er semblante

y es que er corazón le avisa

de lo que tiene delante.

sí señó... un banderillero

que estaba ayé en Venesuela

y hoy es er duende primero

de esta oscura callejuela.

Y se tropieza a un tal Flores,

tan siego y tan temerario,

que le está mintiendo amores

a esa muchacha... Rosario.

Y er duende, con voz muy baja,

se acerca y le dice ar tá:

—"encárgate la mortaja

si vuervo a verla llorá."

¿Por qué te callas? ¿qué piensas?

creí que eras más valiente.

¿O es que ya te da vergüenza

burlarte de una inocente?

A Dios der sielo le pío

que te pongas en rasón,

porque tengo desidío

buscarme la perdisión.

Porque ese nardo, ese lirio

que a ti tanto te divierte,

la quiero yo con delirio,

con fatiguitas de muerte.

Porque es la viva pintura

de una santa que murió

dejándome esa criatura

pa que la criara yo.

Y he sembrao er mundo entero

de pares de banderillas

para ponerle en enero

los Reyes a mi chiquilla.

¡pa que ahora venga un tunante,

le jure y ella lo crea!

¡y asín que s'acabe er cante:

"buenas noches y ahí te queas"!

Al que quiera intentar eso

con la fló de mis entrañas,

le pongo er pie en er pescuezo

lo mismo que a una alimaña.

Si se casa usté argún día

y er sielo le da un chavá

dirá: "¡qué rasón tenía

er que me quiso matá!"

que a eso na más he venío,

¿a qué andarse con pamplinas?

en justicia yo he debío

clavarlo a usté en una esquina.

Pero, en fin, de usté depende.

Lo conozco... y usté a mí.

Y aquel que a mi niña ofende

que se ponga a bien morí.

¿Se va usté pa Puerta Osario?

¡No se meta usté en belenes!

¡Yo me voy con mi Rosario!

¡Mi Rosario...! ¡Condiós, nene!

 

 

 

 

 
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