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  El Parque de María Luisa (Juan Antonio Cavestany)
 

 

 

El Parque de María Luisa.

Juan Antonio Cavestany (Sevilla, 1861- Madrid 1924)

Escuche usté amigo,

usté ha estao en Sevilla.

¿Ha visto usté el parque de María Luisa?

¿Que no lo conoce?, ¿que no ha estao usté allí?

¡Pos usté no sabe lo que es un jardín!

El parque, el paraíso,

está a la orilla del río más juncá y más cañí

que jizo Dios par lucirse jaciendo río:

el Guadarquibí,

el río de la gracia y del salero

que en eso da lecciones hasta al mar.

Porque el mar es más grande

y tié más agua, pero menos sal.

Un cachito de tierra, un cachito de gloria

se puso a echá flores, se puso a echá rosas

claveles y azahares y nardos y aromas.

Vamos, que las plantas se volvieron locas.

Y salió aquel Parque... ¡ay Jesú qué cosa!

como el regalo de una reina mora,

o para que los ángeles tuvieran alfombra;

un mantón de manila con mil bordaos,

donde los pajarillos no son pintaos sino de veras.

¡Hay ruiseñores que cantan por peteneras!

Un mantón que deslumbra con sus reflejos

donde las rosas nacen entre azulejos.

Y por hermosas también corren

las fuente sobre las rosas.

¿Quién bordó ese pañuelo de pedrería?

¡El sol, el sol bendito de Andalucía!

Pañuelo moro, al que dio por flecos sus rayos de oro.

En fin que es un Parque neto, serrano, andalú

con jechura, juncal, gitano, la maravilla

el pañolón... de flores de mi Sevilla.

Pos mie usté una cosa que no va a creer

a ese jardiniyo lo giso un francé.

¿Qué tendrá esa tierra, yo me jago cruces,

que hasta los franceses los güerve andaluces?

¿Qué dirá el gabacho cuando vaya al Roa?

Esto es cualquier cosa, pa jardín allá.

Y querrá de fijo si se va a París

jacer otro Parque como lo jiso aquí.

Y no va a salirle, ¡qué le va a salir!,

si el sol de su tierra parece un candil

y las jembras dicen, madam... por gachí

que vengan primero si quieren lucí

a aprender el Sena del Guadarquibí.

Los claveles del Parque de mi Sevilla

se suben ellos solos a la mantilla

con los que en mayo nacen en su lindero

hay pa cubrir de rosas el mundo entero.

Ca naranjiyo tiene diez ruiseñores

y es aquello una orgía de luz y flores.

Cuando entre los rosales que besa el río

pasa dándoles celos el mujerío

aquello es gloria pura que Dios envía,

vamos, ¡la borrachera de la alegría!

¿Y usté no ha estao nunca en el Parque aquel?

Pues usté no sabe lo que es un vergel.

No señó, no lo sabe usté, se lo digo yo.

 

 
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