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  Era un Jardín Sonriente... (Hermanos Álvarez Quintero)
 




Era un Jardín Sonriente...

(De Amores y Amoríos)

Serafín y Joaquín Álvarez Quintero (1871-1938) (1873-1944)

 

 

Era un jardín sonriente;

era una tranquila fuente

de cristal;

era, a su borde asomada,

una rosa inmaculada

de un rosal.

Era un viejo jardinero

que cuidaba con esmero

del vergel,

y era la rosa un tesoro

de más quilates que el oro

para él.

A la orilla de la fuente

un caballero pasó,

y la rosa dulcemente

de su talló separó.

Y al notar el jardinero

que faltaba en el rosal,

cantaba así, plañidero,

receloso de su mal:

-Rosa la más delicada

que por mi amor cultivada

nunca fue;

rosa la más encendida,

la más fragante y pulida

que cuidé;

blanca estrella que del cielo

curiosa de ver el suelo

resbaló;

a la que una mariposa

de mancharla temerosa

no llegó.

¿Quién te quiere? ¿Quién te llama

por tu bien o por tu mal?

¿Quién te llevó de la rama

que no estás en tu rosal?

¿Tú no sabes que es grosero

el mundo? ¿Que es traicionero

el amor?

¿Que no se aprecia en la vida

la pura miel escondida

en la flor?

¿Bajo qué cielo caíste?

¿A quién tu tesoro diste

virginal?

¿En qué manos te deshojas?

¿Qué aliento quema tus hojas

infernal?

¿Quién te cuida con esmero

como el viejo jardinero

te cuidó?

¿Quién por ti sola suspira?

¿Quién te quiere? ¿Quién te mira

como yo?

¿Quién te miente que te ama

con fe y con ternura igual?

¿Quién te llevó de la rama,

que no estás en el rosal?

¿Por qué te fuiste tan pura

de otra vida a la ventura

o al dolor?

¿Qué faltaba a tu recreo?

¿Qué a tu inocente deseo

soñador?

En la fuente limpia y clara

espejo que te copiara

¿no te di?

Los pájaros escondidos,

¿no cantaban en sus nidos

para ti?

Cuando era el aire de fuego,

¿no refresqué con mi riego

tu calor?

¿No te dio mi trato amigo

en las heladas abrigo

protector?

Quien para sí te reclama,

¿te hará bien o te hará mal?

¿Quién te llevó de la rama,

que no estás en tu rosal?

Así un día y otro día,

entre espinas y entre flores,

el jardinero plañía

imaginando dolores,

desde aquel en que a la fuente

un caballero llegó,

y la rosa dulcemente

de su tallo separó.

 

 

 

 
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