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  Cinco Sonetos sin una Vocal (Martín de San Martín)
 

 

 

Cinco Sonetos sin una Vocal

Martín de San Martín

Soneto sin la a

El sol en el cenit tiene esplendores,

tiene hermosos crepúsculos el cielo;

el ruiseñor sus trinos y su vuelo

corriente el río, el céfiro rumores.

Tiene el iris sus múltiples colores,

todo intenso dolor tiene consuelo;

tienen mujeres mil, pechos de hielo

y el pomposo vergel tiene sus flores.

Tienen sus religiones los creyentes,

tiene mucho de feo ser beodo,

tiene poco de pulcro decir mientes.

Todo lo tiene el que lo tiene todo,

y tiene veintemil inconvenientes

el escribir sonetos de este modo.

Soneto sin la e

Con ojillos oscuros, luminosos,

ambas tan blancas como dos palomas,

cruzando prados y salvando lomas

hoy las vi con dos pícaros gomosos.

Iban con ambas pollas orgullosos,

cortándolas aquí jugosas pomas,

dándolas más allá lícitas bromas,

pasando así las horas muy gozosos.

Cuando callaron todos los rüidos

y la pálida luz agonizaba,

los pájaros volaban a sus nidos.

Y sus hojas la flor mustia doblaba,

y los cuatro cogidos por las manos

tornaron a sus casas muy ufanos.

Soneto sin la i

Blanca como la luz que el alba arroja,

pura como la flor que el aura mece,

por ella culto, pero noble, crece,

este amor que locura se me antoja.

Cuando en llanto su faz la pena moja,

¡cuán hermosa a los ojos aparece!

¡Tanto el pudor en ella resplandece,

que, al ensalzar sus galas, se sonroja!

Pero su corazón amor no altera;

yo del suyo soñando con la palma

juré adorarla con el alma entera.

¡Mas todo ve con desdeñosa calma!

¿qué alcanzará? que grande, hasta que muera,

guarde entero su amor por ella el alma.

Soneto sin la o

Gime desamparada Magdalena,

víctima de pesares que la matan;

y sus pupilas el raudal desatan

de lágrimas que causan tanta pena.

Ayer amaba de esperanza llena;

mas ya, ¿qué dichas a la vida le atan?

¿A qué vivir, si así se desbaratan

venturas en que sueña un alma buena?

¿Quién tal infamia tiene permitida?

El que al pie del altar la fe le jura,

huye y la deja en la amargura hundida,

¡a ella siempre buena y siempre pura!...

Virtud, santa virtud, ¡sé tú la egida

de esa infeliz que gime sin ventura!

Soneto sin la u

Soneto me pedís en donde omita

la postrera vocal del alfabeto;

y en dos por tres pergeñaré el soneto

si no se llega a enmarañar la pita.

Nadie para tal obra necesita

estar de genio y de saber repleto;

basta paciencia y sale del aprieto

toda persona en el mirar perita.

¡Vanidoso! exclamáis, ante el sentido

del octavo renglón; mas yo no paso

por mote a mi entender inmerecido.

Vanidad, si la tengo, será acaso

en haberme de sobra conocido

para no pedir sitio en el Parnaso.

 

 
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