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  Cuando de Niño Empecé... (Vital Aza)
 




Cuando de Niño Empecé...

Vital Aza (1851-1911)

Cuando de niño empecé

a darme a la poesía,

tan en serio lo tomé,

que sólo en serio escribía.

Romántico exagerado,

era lo triste mi fuerte.

¡Válgame Dios! Le he soltado

cada soneto, ¡A la muerte!

La fatalidad, el sino,

el hado, la parca fiera,

el arroyo cristalino

y la tórtola parlera....

Todo junto le servía

a mi necia inspiración

para hacer una elegía

que partía el corazón.

No hubo desgracia ni duelo

que en verso no describiera....

¡Si estaba pidiendo al cielo

que la gente se muriera!

¿Que airado el mar se tragaba

la barca del pescador?

Pues yo en mi lira lanzaba

los lamentos de rigor....

¿Que un amigo se moría,

viejo o joven, listo o zafio?

Pues, ¡zas!, al siguiente día

publicaba su epitafio.

¿Que una madre acongojada

gemía en llanto deshecha?

¿Que por una granizada

se perdía la cosecha?

Pues yo enjugaba aquel llanto

en versos de arte mayor,

y maldecía en un Canto

al granizo destructor.

Escéptico y pesimista

¡me hacía unas reflexiones!....

Sirva de ejemplo esta lista

de varias composiciones:

Ludibrio, Dios iracundo,

Profanación y adulterio,

Los desengaños del mundo,

El ciprés del cementerio.

Pues, ¿y una composición

en que, imitando a otros vates,

con la mejor intención

decía estos disparates?

"¡Ay! El mundo en su falsía

aumentará mi delito,

vertiendo en el alma mía

la duda de lo infinito.

¡Triste errante y moribundo,

sigo el ignoto sendero,

sin encontrar en el mundo

un amigo verdadero!

¡Todo es falsedad, mentira!

¡En vano busco la calma!

¡Son las cuerdas de mi lira

sensibles fibras del alma!

¡El mundo, en su loco anhelo

me empuja hacia el hondo abismo!

¡Dudo de Dios y del cielo,

y hasta dudo de mí mismo!

¡Esta existencia me hastía!

¡Nada en el mundo es verdad!"

¡Y todo esto decía

a los quince años de edad!

Francamente, yo no sé

cómo algún lector sensato

no me pegó un puntapié

por necio y por mentecato.

***

 

Por fortuna ya no siento

aquellas melancolías

ni doy a nadie tormento

con vanas filosofías.

Y a no me meto en honduras,

ni hablo de llantos ni penas,

ni canto mis amarguras

ni las desdichas ajenas.

He cambiado de tal modo,

que soy otro diferente;

pues hoy me río de todo,

¡y me va perfectamente!

 

 

 

 
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