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  Soledades (Eusebio Blasco)
 

 

 

Soledades

Eusebio Blasco.

Era yo niño, y un día

vi que mi madre vestía

traje de negro crespón;

y al contemplarla, sentía

tristeza en mi corazón.

¡Ay! Desde entonces la vi

siempre de negro; y a mí

la blusa azul me quitaron

y otra negra me compraron

y de negro me vestí.

Por una senda apartada,

mi madre, triste y callada

y de las gentes cobarde,

salía ¡siempre enlutada!

cuando moría la tarde.

Alcé temeroso un día

los ojos para mirar

a la triste madre mía,

y al verme que sonreía,

rompió la pobre a llorar.

Y yo entonces recordé

su rostro fresco y hermoso,

y cambiado lo encontré.

y su traje antes vistoso

con el negro comparé.

Negro su traje y el mío

negro el monte, negro el río

que ya la noche ocultaba...

todo en derredor, sombrío

a llorar nos convidaba.

¡Reflejaba igual color

la descuidada heredad

en silencio aterrador;

reinaba en nuestro redor

una negra soledad!

Madres y niños venían

a vernos; todos lucían

colores que envidié yo.

Madres y niños reían...

¡ay! ¡pero nosotros, no!

Pasó el tiempo; yo volé;

el pájaro deja el nido

cuando con alas se ve,

y al mundo y alegre ruido

de la vida me lancé.

El tiempo y la loca edad

y otros colores risueños

y el amor y la amistad,

y el placer y los ensueños

de gloria y de vanidad,

tornáronme sonriente;

que el dolor que un niño siente

es en la vida un minuto.

Mas ¡ay! mi madre doliente

aún va vestida de luto.

 

 

 

 
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