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  Mi Vaquerillo (José María Gabriel y Galán)
 

 

 

Mi Vaquerillo

José María Gabriel y Galán (1870-1905)

He dormido esta noche en el monte

con el niño que cuida mis vacas.

En el valle tendió para ambos,

el rapaz su raquítica manta

¡y se quiso quitar -¡pobrecillo!-

su blusilla y hacerme almohada!

Una noche solemne de junio,

una noche de junio muy clara...

Los valles dormían,

los búhos cantaban,

sonaba un cencerro;

rumiaban las vacas...,

y una luna de luz amorosa,

presidiendo la atmósfera diáfana,

inundaba los cielos tranquilos

de dulzuras sedantes y cálidas.

¡Qué noches, qué noches!

¡Qué horas, qué auras!

¡Para hacerse de acero los cuerpos!

¡Para hacerse de oro las almas!

Pero el niño, ¡qué solo vivía!

¡Me daba una lástima

recordar que en los campos desiertos

tan solo pasaba

las noches de junio

rutilantes, medrosas, calladas,

y las húmedas noches de octubre,

cuando el aire menea las ramas,

y las noches del turbio febrero,

tan negras, tan bravas,

con lobos y cárabos,

con vientos y aguas!...

¡Recordar que dormido pudieran

pisarlo las vacas,

morderle en los labios

horrendas tarántulas,

matarlo los lobos,

comerlo las águilas!...

¡Vaquerito mío!

¡Cuán amargo era el pan que te daba!

Yo tenía un hijito pequeño

-¡hijo de mi alma,

que jamás te dejé si tu madre

sobre ti no tendía sus alas!-

y si un hombre duro

le vendiera las cosas tan caras...

Pero ¡qué van a hablar mis amores,

si el niñito que cuida mis vacas

también tiene padres

con tiernas entrañas?

He pasado con él esta noche,

y en las horas de más honda calma

me habló la conciencia

muy duras palabras...

y le dije que sí, que era horrible...,

que llorándolo el alma ya estaba.

El niño dormía

cara al cielo con plácida calma;

la luz de la luna

puro beso de madre le daba,

y el beso del padre

se lo puso mi boca en su cara.

Y le dije con voz de cariño

cuando vi clarear la mañana:

-¡Despierta, mi mozo,

que ya viene el alba

y hay que hacer una lumbre muy grande

y un almuerzo muy rico!... ¡Levanta!

Tú te quedas luego

guardando las vacas,

y a la noche te vas y las dejas...

¡San Antonio bendito las guarda!...

Y a tu madre a la noche le dices

que vaya a mi casa,

porque ya eres grande

y te quiero aumentar la soldada.

 

 

 

 
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