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  Cantos del Canario (Esteban González, el Tito Estebo)
 

 

 

Cantos del Canario

Esteban González (el tito Estebo)

 

Canto I.- En la Clase de Primero

En la clase de primero,

don Mariano de la Parte

va a demostrarnos su arte

en un encuentro muy fiero.

Sobre el armario ha subido

don Eulogio y se ha sentado

ante el micro que han montado

para radiar el partido.

Entra Mariano, picado,

va y se sienta en su sillón

y pregunta la lección

a Mosquete... y no ha estudiado.

¡Aunque la lección es corta!

-dice Mosquete, gritando-

¡no perdí el tiempo estudiando!.

¿Por qué? a usted no le importa.

El árbitro pita falta,

y Mariano, de una mesa,

coge una lengua francesa

y tras de él corre y salta.

Por fin, ya están frente a frente.

Con furia el francés le lanza

y en una oreja le alcanza

dejándole muy doliente.

Quiere aún darle un capón

con su puño duro y fuerte,

pero con tan mala suerte

que da sobre su sillón.

Avanza, avanza Mosquete,

y, ayudado de una silla,

le da un golpe en la canilla

que le sabe a diecisiete.

Entra en la clase, señores,

el padre Arteaga, furioso,

diciendo: ¡Oh, qué horroroso!

¡qué alumnos! ¡qué profesores!;

después de mucho jaleo,

de gritos, de discusiones,

vienen las observaciones

y seis meses sin recreo.

Y dicen que Jefatura

también les va a castigar

a nueve meses estar

A patatas con verdura.

 

Canto II.- Lección de Geografía Española (Incompleto)

"Empezaré por Daroca

que de Astorga es capital...:

¡Esto me quema la boca,

ya me está saliendo mal!

Dejaré ahora este asunto

para hablar de orografía

diciendo que La Granvía

desemboca por Sagunto,

Nace en la sierra de El Grao,

provincia de Andalucía,

Pasa por Fuenterrabía,

por Betanzos y La Nao,

Corre por El Ampurdán

Donde recibe al Motril

procedente de Genil,

cerca de Sansebastián;

atraviesa Ponferrada,

rica comarca de Soria

que produce zanahorias,

cebollas y betarradas..."

 

 

 

 

Canto III.- Plenos uterinos

¡Mira qué plenos más plenos,

siempre de propuestas llenos,

estos de UTO-UGT!

Vean el Orden del Día,

cual singular sinfonía,

siempre vivo, siempre igual.

Aprobación, si procede,

del acta que le precede.

Para empezar, ¡no está mal!

Lectura de documentos

en este órgano entrantes.

Le siguen los importantes

dos puntos en nada exentos

de un innegable interés.

Interviene el presidente,

interviene don Andrés.

Y todos, atentamente,

escuchan con devoción.

Y ya, en el Orden del Día,

preguntas y sugerencias.

Ante tales evidencias,

sin la más leve ironía,

sugiere la oposición

se filme el siguiente pleno,

pues es muy útil y bueno

el repetir la emisión.

Y cuando esto se acuerde,

les libramos de un trabajo.

Que el trabajador no pierde

mandando el pleno... ¡al carajo!

 

Canto IV.- Se va a casar la Norberta

Ramón. Se va a casar la Norberta.

Petra. ¿Qué Norberta? ¿La vecina?

Ramón. No. La que vende en la esquina,

que ella es de ambos ojos tuerta.

Petra. ¿Habrás entendido mal al que lo dijo, Ramón?

Si es cieguita de nación...

Pepito. No tía, es de capital

como su prima Emiteria.

Petra. Tú no metas el jocico

qu'entavía eres muy chico

pa hablar de cosa tan seria.

(A Ramón). Antonces, Ramón, ¿qué pasa?

¿Dónde sacaste ese cuento?

Ramón. No, Petra. Yo no lo invento.

Me enteré aquí mismo en casa.

Hace un rato, en la cocina,

el abuelo me lo dijo.

Petra. Eso es imposible, hijo,

que no puede ser asina.

Pepito. Pues eso es muy cierto, tía.

Yo lo oí. Estaba presente,

y el abuelito no miente.

Ramón. (Viendo llegar a José María). Ahí viene José María.

José María. (Molesto y un poco enfadado). Déjense de discusiones

que el ruido me desconcierta.

¿De quién hablan?

Petra. De Norberta.

La que vende los cupones.

José María. (Con una amplia sonrisa, emocionado). ¡Norberta!, mi buena amiga.

¡Una niña encantadora!

Pepito. Pero... ¿no sabe que, ahora,

con un chico ciego liga?

José María. (contrariado, casi llorando). ¡No puede ser! ¡Imposible!

Pepito, no seas tonto.

Pepito. (burlón. Casi cantando) Pues se va a casar muy pronto.

José María. (Roto por los celos y el dolor). ¡Oh no! ¡Eso es inconcebible!

Pepito. Lo mismo piensa tía Petra;

pero eso es así, tiíto.

José María. (Calmándose un poco, intentando ver una pequeña luz en su noche oscura sin estrellas). ¿Estás seguro, Pepito,

que no has cambiado una letra?

Pepito. Yo digo lo que me dicen.

José María. No me cuentes cosas raras,

que te hablan de caracoles

y tú entiendes coles caras.

Petra. Tu tío tiene razón.

Pepito. Pues no. Soy yo quien la tengo.

(Decidido, algo lloroso y con mimo). Voy a llamar a mi abuelo...

Don Gil. (Entrando por la puerta que da al pasillo de las habitaciones). No es preciso. Aquí ya vengo.

¿Qué te ocurre, nietecito?

Pepito. (Más calmado, pero aún con voz de mimo). Que no me cree esta gente;

que se va a casar, mañana,

la hija de Don Vicente.

Petra. Don Gil, su nieto Pepito

todo lo cuenta al revés:

Dice que se va a casar

Norberta.

Don Gil. Muy cierto es.

Eso me dijo Remigio.

(Llamando). Remigio, ¿puedes venir?

Remigio. (Entrando por la puerta lateral que da al patio de la casa). Sí, señor. Aquí me tiene.

Don Gil. ¿Nos podrías repetir lo que dicen de Norberta?

Remigio. Ah sí. Que se va a cazar, mañana, con un garrote,

mosquitos..., por vacilar... (Se ríe. La cara de José María se ilumina. Ramón y Petra se miran con una sonrisa cómplice, viendo muy claro todo lo que ya ellos sospechaban. Pepito dijo algo entre dientes, mientras se echaba al suelo y se metía debajo de la mesa para jugar con el perrito que se había deslizado en la salita donde se estaba desarrollando esta escena).

 

 

 

 

 

Canto V.- La enfermedad de Guillermo

 

En su cabina, Guillermo

 

hoy perdió el conocimiento

 

y aún continúa enfermo,

 

sufriendo un duro tormento.

 

¿Pero es verdad lo que dices?

 

-exclama Don Juan, riendo-.

 

Pues claro que sí, ¡narices!,

 

si casi se está muriendo.

 

Al oír esto Molina,

 

sin detenerse un segundo,

 

va corriendo a la cabina

 

para ver al moribundo.

 

Allí lo encuentra maltrecho,

 

con respiración cansada,

 

en duro suelo por lecho

 

y una pauta de almohada.

 

Don Juan, después de una pausa,

 

dice, con seguridad,

 

que es una ciega quien causa

 

su terrible enfermedad.

 

"Por si fuera mal la cosa;

 

cuídalo, Czerny, un instante

 

mientras yo voy a sor Rosa

 

a pedirle algún calmante".

 

En esto, Juanillo entró

 

con una carta en la mano,

 

diciendo que la encontró

 

en su método de piano.

 

Sin decir una palabra,

 

Hecho una furia, de un vuelo,

 

Guillermo López, La Cabra,

 

levantándose del suelo,

 

arrebatóle al chaval

 

la carta que había encontrado;

 

la leyó y, al fin, del mal

 

del todo estaba curado.

 

Con nadie en particular,

 

amigos ciegos, me meto.

 

Pero sí he de culpar

 

a este Correo Secreto

 

que, sabiendo que es misión

 

en extremo delicada,

 

no examinan el buzón

 

antes de echar allí nada.

 

 

 

 

.- Clase 20

 

Clase 20, clase 20,

 

clase 20 y con amor,

 

do estudian Taquigrafía

 

por ver a Consolación;

 

si no es Pedro Zurita,

 

que de eños se enamoró.

 

Por su clase fue a pasar

 

Don Fernando, el Director.

 

Las palabras que le dice

 

muy duras y tristes son.

 

Intenta por todos medios

 

apartarle de su amor.

 

"Vete de aquí, enemigo,

 

marcha pronto a Dirección,

 

que este asunto no te i ncumbe."

 

"No abochornes, por favor

 

-prosiguió enérgicamente

 

Don Fernando, el Director-,

 

pues no te conviene, Pedro,

 

tomar esa decisión,

 

porque, con esa conducta,

 

no te darán ni el Cupón."

 

"Vete de aquí, enemigo;

 

marcha pronto a Dirección,

 

que no he de tocar de un libro

 

ni el título de lección;

 

que no quiero hacer carrera

 

ni ir a vender Cupón

 

sólo quiero ver a Eños,

 

Eños de mi corazón".

 

 

 

Canto VII.- Trabajo de Redacción de un Niño Torpe

 

Mi seño... Rita (sí, así se llamaba mi profe del cole; aunque, entre los más próximos, era conocida cariñosamente como Petroscúncula Pilogarfia); pues bien, como digo, mi señorita, o Rita mi seño, me encomendó un trabajo de redacción para mejorar mi nota de fin de curso. Yo le dije, con evidentes muestras de malhumor, que no era apto para tales menesteres, que si ella no se daba cuenta de que yo era demasiado pequeño para introducirme en el mundo de la Literatura; que, en fin, yo era muy torpe para esas cosas. Que si ella, acaso, quería que yo hiciera un trabajo sobre el sufrimiento de una conciencia atormentada, a lo que ella asintió contenta y con muestras de gran admiración. Sí, sí; muy bien, Periquito (que así me llamaba no por considerarme pájaro, sino porque yo era un Pedro o Pedrito muy pequeño)", dijo la seño, dando saltitos de alegría. A lo que yo repliqué que no podía desarrollar un tema tan profundo, que era un tema del que yo no tenía ni meretriz idea (y utilicé tal vocablo porque ella me tenía prohibido decir tacos y otras lindezas). "Pues esta vez no te libras, mi querido Periquito. Tienes que formarte para el día de mañana, es preciso estimular tu capacidad creativa. Que la tienes, no lo dudes", prosiguió machaconamente nuestra profesora Petroscúncula Pilogarfia. Ya mi seño me estaba poniendo nervioso, pues no es que yo no quiera hacer el trabajo, ¿qué más quisiera!, es que no sirvo yo para eso. Además, tengo muy mala ortografía. Escribo "inventar" con v, "ombligo" sin h... ¡Soy un desastre! Me dijo la seño Rita qe, con este trabajo, podría obtener una nota de 2 sobre 7840. A lo que yo pensé"por qué no probar a ver si consigo aunque sea un 0,5?" Y aquí me tienen hecho un lío y sin saber qué ni cómo hacerlo. Pero quiero ser valiente y me decido a escribir lo que sea y lo que pueda (si es que puedo). Y es así como me enfrento al vacío del desconocimiento absoluto, sin saber qué decir. En esta desesperada situación, un buen amigo mío me sugiere que hable sobre los imputas y las imputas de los casos de corrupción; que, al parecer, son personas que, incluso, ellas mismas podrían ser corruptas, pero sólo por dentro (sepulcros blanqueados), porque, en su exterior, aparecen como señores y señoras de alta alcurnia. Y esos sujetos blanqueados son capaces de blanquear también el dinero, que sustraen (no roban) de depositarlo en bancos suizos, que es una especie de hucha inmune al ataque de la voracidad impositiva del país de todos estos imputas y personajes de similar pelaje. Yo, que soy esencialmente bueno por ser pobre de nacimiento, no entiendo cómo estas personas se meten en tales fregados por el afán desmedido y la avaricia que les lleva, en ocasiones, a su propia perdición. Pero, tal vez, pienso yo -que, en ocasiones, soy también capaz de pensar un poco- que ellos razonan y llegan a la conclusión de que, si les caen diez años de cárcel y no les arrebatan los millones honradamente robados, podrían considerar la estancia en la cárcel como un tiempo vivido y trabajado como emigrante para almacenar un poco dinero para vivir dignamente, con la cabeza muy alta y el bolsillo bien repleto. Pero eso son opiniones de un niño torpe carente de conocimientos profundos, ni siquiera de los superficiales. Yo soy lo que soy, una personita que de casi nada entiende, que sólo sabe, si es que sabe, decir tonterías. Así que cancelo estas disquicisiones filosóficas sobre tanto imputa que nos atenaza y nos fastidia (por no decir la palabra que mi seño, Petroscúncula Pilogarfia, me tiene prohibido decir), e intento, haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, salir adelante con otra chorrada que, al menos, cubra una página más de mi gloriosa literatura, que dice mi profesora Petros que yo tengo capacidad para ello. ¡La pobre! ¡Dios la perdone! Ah, y dice mi amigo que podría ser que esos imputas no hubieran cometido delito alguno, pero, digo yo, ¡qué imputá para ellos!, ¿Cómo llegaron a esa situación? Tal vez, por ser muy buenos y confiados y apoyar incondicional y barzánicamente a quienes han querido acariciar todo aquello que estuviera a su alcance, No lo sé. Yo creo que, en principio, y no se trata decasos ficticios, puede tratarse sí de un imputa o una imputa real, habrá un motivo que les haya llevado a una situación tan desagradable para ellos. Si son inocentes, ¿qué mejor oportunidad para demostrar esa inocencia acudiendo a la cita de la Justicia? Y eso sería muy justo también para ellos. Si no lo son, ¡a emigrar a la cárcel por unos años! Bueno..., eso si les respetan lo digna y honradamente sustraído, o robado, si lo prefieren. En realidad, la Justicia debe ser igual para todos, en este mundo tan real como la vida misma. Dicen que es igual. Lo será. pero este niño torpe se pregunta que si mi papi, pobre también de nacimiento como su hijo, se hallara inmerso en un problema judicial, de dónde sacaría la pasta para pagar los honorarios de un buen abogado? Nosotros de pasta apenas tenemos la del cepillo de dientes y la que mi mami utiliza para preparar unos ricos espaguetis o macarrones a la buena salsa de la abuela. Todos somos iguales. Todos somos iguales ante la Ley, pero los ricos tienen la pasta, no sólo para los macarrones, sino también para pagar buenos abogados que los defiendan en sus problemas judiciales. Y que luego vengan a decir que la Justicia no es justa... Pero no me extiendo más, que luego voy a decir tantas inexactitudes e irrisorias gilipeneces que mi seño me va a endosar un cero subrayado y con negrita)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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