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  La Fiesta del Árbol y su Himno
 

 

 

La Fiesta del Árbol y su Himno

Durante los cuatro años que estuve en el colegio Santiago apóstol de la ONCE de Pontevedra (1961-1965) se celebraba la llamada "Fiesta del Árbol" y en ella, previos un par de ensayos generales, todo el alumnado cantaba un himno. Así refieren Manuel Castro y Félix Gende en su libro

"Colegio Santiago Apóstol de la ONCE

60 años de Historia"

Las diferentes actividades que se desarrollaban con motivo de la misma:

"Como loa al renacer de laNaturaleza, todas las primaveras se celebraban actos dedicados al árbol. Unos, de tipo eminentemente escolar, realizando concursos literarios y de expresión artística con motivos relativos al medio natural. Otros, de carácter medioambiental, consistentes en la plantación de diferentes especies arbóreas, que enriquecían el bosque de nuestro propio recinto.

En la memoria del curso 1968-69 se cita esta celebración del modo siguiente:

El día 22 de febrero de 1969, tuvo lugar en el Colegio la celebración de la Fiesta del Árbol, llevándose a cabo por tal motivo en la capilla del Colegio, una Misa oficiada por el Capellán del Centro, teniendo lugar a continuación en el parque que circunda el Colegio un acto en el que dos escolares recitaron el trozo literario "Los árboles son poema", y la poesía "A un olmo seco". A continuación el Director del Centro hizo una breve semblanza de esta fiesta y procedió a la entrega de diplomas y medallas entre los alumnos que habían participado en el concurso literario de exaltación del árbol, y que se había celebrado previamente. Seguidamente el Director, acompañado del Capellán, profesorado y escolares, procedieron a la plantación de numerosas especies forestales, entonándose al final el himno al árbol.

Así recoge la revista BADALADA, los actos celebrados en la primavera de 1995:

"El Día del Árbol se celebró el día 21 de marzo con diversos actos y actividades escolares.

Se hizo una plantación de diferentes especies arbóreas.

Este acto se realizó en el bosque que queda en la parte de arriba del gimnasio.

Primeramente se hicieron los agujeros necesarios, antes de plantar los árboles se les echó abono y tierra fértil a lo que nos ayudaron los señores Cobas y Manuel Rial.

Las especies que se plantaron fueron:

2 Mimosas Cianofila (Mimosas)

1 Prunus Pissardii (Abruñeiro dos xardíns)

2 Cupresus Sempervirens (Ciprés común)

2 Thuja Plicata (Tuia xigante)

2 Fraxinus Ornus (Freixo holandés)

1 Salix Babilonica (Salgueiro chorón)

1 Olea Europeae (Oliveira)

Estuvimos todos participando de alguna manera, intentando profundizar los hoyos, transportando los árboles que trajo el Sr. Fraga, eligiendo los cepellones de las raíces más adecuadas, según el tamaño, para cada agujero, la zona más idónea para cada especie, etc.

Con la manguera, cuando se regaban, alguno se "pasó" un poco y aprovechó la ocasión y regó algo más que los árboles. Otros no perdieron la oportunidad de dar unas pataditas al balón.

Después de la plantación se leyeron los nombres de los autores y títulos de los trabajos premiados en el Concurso de Naturaleza.

Cuando acabó el acto, cada alumno se fue a su respectiva aula".

CAMILO R. VALDÉS BARBILLO"

Con el paso de los años, en mi afán de remover recuerdos y rescatar del olvido algunos de ellos, me dio por recuperar la letra de ese himno (con la música, todo se andará) y dejar constancia escrita.

Recurrí a distintos ex alumnos y profesores y cómo no al Dios Google. En éste último, o no supe buscar bien o cuando lo hice todavía no había ningún documento expuesto, el caso es que, valiéndome de mis propios recuerdos y de algunos ex compañeros de fatigas colegiales (Eusiquio, Antonio Quiroga y Antonio Martín Figueroa, fundamentalmente)que rascaron y rascaron en sus memorias, conseguí casi toda la letra: faltaba una estrofa y determinar el orden de las mismas.

Hoy, 24 de enero de 2012, al abrir el correo me encuentro en mi bandeja de entrada un mensaje del amigo Pedro Zurita en el que me adjunta un archivo hallado en Google por David, un colaborador suyo, que no sólo pone broche de oro, por fin, a mi búsqueda, sino que responde a cualquier pregunta ulterior que pudiera formularme en cuanto al origen de la fiesta y del himno.

He aquí parte de ese documento:

EN VITORIA

EL ÁRBOL SANTO

EL primer teniente de alcalde de este Excmo. Ayuntamiento, D. José Muñezcan, alcalde interior, escribió oportunamente á la Excma. Diputación provincial de Bizcaya, pidiendo un retoño del Árbol de Guernica, para plantarlo en la Plaza de Bilbao, de Vitoria. Contestó atenta é inmediatamente el señor Presidente de la Diputación, D. Antonio Salazar, accediendo con toda galantería y patriotismo á la solicitud y diciendo que enviaba no uno, sino dos plantones del Árbol foral, los cuales llegaron á poder del Ayuntamiento vitoriano pocos días después.

Para dar mayor realce á la plantación del Árbol de Guernica, acordó el Municipio que se plantase el Árbol enviado el día de la Fiesta escolar del Árbol, pero el mal tiempo obligó á desistir de la plantación de los árboles escolares y sólo pudo verificarse la plantación de uno de los retoños enviados por la Diputación bizcaina.

Por fin, después de muchos días de llover copiosamente, la solemnidad se celebró el día 13 de Marzo, domingo, teniendo lugar la fiesta en la forma siguiente :

Bastante antes de las cuatro de la tarde del día citado, se reunieron en la Plaza Nueva los niños de las escuelas municipales y los del Asilo de las Nieves y algunos otros. Mientras bajaba el Ayuntamiento en cuerpo de Comunidad de la Casa Consistorial, el distinguido diputado provincial D. Joaquín de Urbina repartió entre los asilados del provincial de las Nieves abundantes dulces.

Cuando ya se hallaban congregados en los arcos de la Plaza Nueva todos los escolares que habían de tomar parte en la fiesta, bajó del Ayuntamiento el alguacil y montero mayor, D. Estanislao Ruiz, y distribuyó entre los maestros, para que éstos los hicieran llegar á sus discípulos, la siguiente poesía, impresa en papel de los colores nacionales :

«El Árbol de Guernica,

en los tiempos forales,

fué símbolo precioso

de nuestras libertades.

Pero ahora cuatro seres

(no sé cómo llamarles)

del Arbol venerando

hacen escaparate,

donde exponen ideas

en extremo irritantes.

Reniegan de la Patria,

cosa santa y grande;

la Patria somos todos;

España es nuestra Madre,

y el hijo que reniega

del que le dió su sangre

no merece tal nombre,

sino el de monstruo infame.

¡Oh Arbol benditísimo:

si has de ser estandarte

que indique esas ideas,

que son abominables,

pido á la Providencia

que te seques cuanto antes.

Un español.»

A las cuatro y media salió de la Casa de la Ciudad el Ayuntamiento, en cuerpo de Comunidad, y representado por el alcalde presidente, D. Eulogio Serdán; primer teniente de alcalde, D. José Muñezcan; procurador síndico, D. Bruno Abanri; alguacil mayor, don Estanislao Ruiz, y capitulares D. Policarpo González Herrero, D. Ignacio Tolosana, D. Julián Amiel, D. Faustino Murga y D. José Arámburu. Con ellos iba el secretario, D. Manuel Sáez de Quejana, y el arquitecto, D. Javier Aguirre.

Precedidos y seguidos de los niños de todas las escuelas municipales, así como de los acogidos en el Asilo de las Nieves y en el Hospicio, y acompañados de la banda de música titulada «Santa Cecilia»— que aquí hace las veces de banda municipal—tamborileros y guardas del arbolado, dirigiéronse á la Plaza de Bilbao. Esta se hallaba adornada con banderas y gallardetes, en el centro se había levantado un gran mástil para izar en él la bandera nacional y se había preparado un jardinillo rodeado de elegante verja, en el cual se había de hacer la plantación de uno de los plantones del Árbol Santo.

Una vez la comitiva en la Plaza de Bilbao, dió comienzo la fiesta. Alrededor de la verja se habían puesto sillones y sillas para el Ayuntamiento, autoridades é invitados, todos los balcones ostentaban colgaduras y balcones y plaza estaban llenas de público.

Á los acordes de la Marcha Real se izó la bandera española en el gran mástil citado antes, cantóse por los niños el himno á la Bandera, y el alcalde pronunció un gran discurso patriótico y elocuente.

El discurso, poco más ó menos, fué así : «¡Vitorianos! El acto de presencia de la Corporación municipal, el del público numeroso y el de cientos de niños, germen de futuros conciudadanos, dan á esta fiesta los rigores de una solemnidad inusitada. Así es, así debiera ser la importante y significativa Fiesta del Árbol, que se ha de declarar, andando los tiempos, de carácter nacional.

»Esta fiesta típica, que parece importación de un país adelantado, de los Estados Unidos de Norte América, es puramente española y cuenta con más de un siglo de existencia. Allá, en el año 1805, un sacerdote venerable, el párroco de Villanueva de la Sierra, en la provincia de Cáceres, inauguró esta clase de fiestas en medio del asombro de sus sencillos feligreses. Pocos comprendían, entonces, el amor al árbol; lo utilizaban por rutina, ya vendiéndolo ó quemándolo, sin darse cuenta de que un árbol unido á otro formaban, y constituyen nuestra riqueza forestal, y hermoseó nuestros montes, pobló nuestros bosques y atrajo las benéficas lluvias tan necesarias en las estepas centrales y meridionales de España.

»Las atenciones de la guerra de la Independencia segaron en flor las iniciativas de aquel modesto sacerdote, pero sus enseñanzas, recogidas por los intelectuales amantes de un terreno extraño que escogieron para vivir, sirvió en los norteamericanos para atender á la repoblación y mejoramiento de sus montes y huertos, plantando en un periodo de treinta años la enormidad de trescientos cincuenta millones de árboles forestales y frutales, cuya explotación, en el día, asciende á muchos millones de dollars.

»España, olvidada del saludable aviso que la diera el sacerdote extremeño, taló en gran escala sus pinares semivírgenes, descuidó la repoblación forestal, atendida únicamente en las provincias bascongadas al calor de sus fueros seculares, y cuando se dió cuenta de la necesidad del árbol y de la protección de su sombra, se encontró con los montes calvos y desprovistos de esa verdura perenne que constituye su ornamentación natural.

»Un ingeniero de montes, el ilustre D. Rafael Puig y Valls, fundó en 1898 la Asociación de los Amigos de la Fiesta del Árbol, y á sus cuidados y á su perseverancia, débese el que todas las provincias españolas se hayan asociado á la fiesta que hoy nos reúne, en la cual tienen espontánea representación todas las personalidades, sin distinción de clases ni de ideas políticas.

»En esta fiesta, lo primordial es enseñar á los niños los inmensos beneficios que el árbol nos proporciona, para que lo amen y respeten: El árbol, queridos niños, es el mejor amigo del hombre, él es la belleza de nuestros montes, á la par que objeto de utilidad pública, y debe ser protegido con la eficacia con que guardamos la riqueza de nuestros museos y el interés de nuestros monumentos históricos. Esta fecha, señores maestros, educa en los niños la vista, el oído, el gusto estético, la inteligencia y el sentimiento, y hace nacer en ellos la afición al campo, ó sea, el retorno de la raza al amor de la Naturaleza.

»Es, por lo tanto, la Fiesta del Árbol una fiesta de cultura, contrario al rutinarismo de pasados errores es una fiesta que en España tiene mayor importancia que en otras naciones, porque nuestro país no es eminentemente agrícola como algunos suponen, testimoniándolo así su configuración, la pobreza de su suelo, su altitud media y el gran número de cordilleras que forman sus seis sistemas orográficos.

»Y en esta fiesta educativa—que, como digo, debe elevarse á fiesta nacional—tres factores deben tomar parte directa : el alcalde, el párroco y el maestro; tres personalidades que, en sus respectivas esferas, tienen el deber de hacer la propaganda en pro de tal institución para que los niños que asisten á las escuelas, sus padres y familias sepan la transcendencia de árboles y montes en la economía social; conozcan que España negocia en maderas por más de setenta millones de pesetas al año, y que de la conservación de los montes en buen estado depende la adquisición del elemento más importante para la vida, del agua. Los maestros y los párrocos deben enseñar á la generación del porvenir, que nuestros rios son pocos y mal utilizados, que se impone una política hidráulica capaz de demostrar que el monte es la madre de los ríos, y que no hay agua sin monte, y que donde no hay ríos llueve poco y llueve mal, ya que á los desastrosos efectos de las sequías suceden los terribles de las inundaciones y, en una palabra, que no hay agricultura sin montes, ni montes sin el amor de los pueblos al arbolado.

»Para esto nos reunimos esta tarde, para hacer más pública, más ostensible y más solemne la modesta propaganda que alcaldes, párrocos y maestros, especialmente, deben hacer, sin fatigarse jamás por hacer repetir á los educandos que el árbol es el mejor amigo del hombre.

»Aquí tenéis á este retoño; es un árbol más, que en presencia de todos va á plantar el alcalde de Vitoria; pero este arbolito, similar á los de su especie, tiene para nosotros una significación colosal. Es el emblema de nuestras aspiraciones, como bascongados; es el símbolo de nuestras libertades, como pueblo autónomo.

»Desgajado del roble de Gernika, sucesor del que fué secular como lo son nuestras tradiciones, hiciéronlo sagrado y venerando primero la vetusta encina que cobijó bajo su copa frondosa á nuestros pristinos y sabios legisladores; más tarde, un bardo ilustre y genial, gloria de Basconia, que padeciendo, en país extranjero, la inenarrable nostalgia de la Patria, logró, con su inspiración trovadoresca, hacer inmortal la enseña de aquellos fueros, buenos usos y costumbres que todavía, los viejos, recordamos con fruición.

»¡Loor al santo Árbol de Guernica! ¡Loor á Iparraguirre, cantor inspiradísimo que en la poesía y en la música bascongadas supo incrustar la savia de profundo sentimentalismo, que ha dado extraordinario relieve á las manifestaciones artísticas de nuestro país!

El Gernikako Arbola nos debe recordar siempre que el Árbol de Guernica es bendito y queridísimo entre todo euskaro. Es un Árbol que da y extiende su fruto por todo el mundo; pero ese fruto no es otro que el de la libertad, que hace á los pueblos fuertes cuando conviven mancomunados con la Patria, con la tierra de nuestros padres y de nuestros antepasados, con el suelo de nuestros amores, en el que inscribieron con su sangre, todos los españoles, las más legendarias proezas, los hechos más estupendos, acaso, que registra ninguna historia.

»Crecerás, pues, arbusto, glorificando á la egregia estirpe de tu altísima nombradía y te harás más digno del respeto y de la consideración de todos siempre y cuando presida tu desarrollo y crecimiento la ondulación bienhechora de la bandera de España.

»Yo te planto, y como español y como bascongado, quiero que al besar la tierra te alienten y estimulen los melódicos acordes del himno erigido en tu honor.»

Este discurso, dicho magistralmente y con entonación subida, arrancó grandes aplausos por su sentido foral, por su erudición, por su fuerza educativa y por su trascendencia política, razones por las cuales merece ser transcrito íntegramente. El alcalde, Sr. Serdán, fué muy felicitado por todos por su oración brillantísima.

Inmediatamente el señor Alcalde plantó el arbolito en el lugar designado, y los niños, acompañados por la música, cantaron el Gernikako Arbola y se procedió á cerrar la elegante verja que rodea al jardinillo.

En seguida se repartió á todos los niños de las Escuelas, del Asilo y del Hospscio, una suculenta merienda por cuenta del Ayuntamiento; la banda tocó la Marcha Real y se arrió la bandera española, dándose por terminado el acto á las seis de la tarde con la retirada del Ayuntamiento á la Casa Consistorial, en la misma forma que había venido á la Plaza de Bilbao.

Como se ve, en la simpática fiesta ha habido un poco de todo; es decir, una de cal y otra de arena, como dice el vulgo : desde la nota de centralismo enragé, hasta el arrebatador é inmortal Gernikako Arbola.

Para complemento de esta descripción de la culta fiesta que vengo reseñando, es oportuno, como nota curiosa poco divulgada, incluir el texto del himno oficial de la Fiesta del Arbol, establecida por Real orden, que dice así :

Cantemos á Ceres que dona las mieses

y llena las cubas de rojo licor;

y al par alabemos al noble labriego

que el suelo fecunda con ruda labor;

que esta es una fiesta de paz y de amor.

Bien hayan las flores que adornan la tierra;

los frutos que ofrecen sabroso manjar;

mil veces bendita la Fiesta del Arbol,

que á la Agricultura nos hace cantar.

Cantemos, etc.

Bien hayan los bosques que atraen la lluvia

y al hombre le brindan maderas sin par;

los prados que nutren inmensos rebaños,

los ríos que abonan el suelo feraz.

Cantemos, etc.

JOSÉ COLÁ Y GOITI.

Vitoria-Marzo-1910.

Para finalizar, sólo me resta incluir a continuación el himno con cuatro diferentes estribillos que me han llegado y que se cantaron en el Santiago Apóstol, con ligeras modificaciones introducidas por parte de la dirección, del capellán o de la comunidad de religiosas del centro, en su afán, a buen seguro, de cristianizar la letra del mismo, así como las realizadas por la transmisión oral de dicha letra.

Himno del Árbol

Varios Estribillos:

Cantemos a Ceres que dona las mieses

y llena las cubas de rojo licor;

y al par alabemos al noble labriego

que el suelo fecunda con ruda labor;

que esta es una fiesta de paz y de amor, amor.

Cantemos a Ceres que dora las mieses

Y llena las cubas de rojo licor;

para que el trabajo del noble labriego

sea coronado del fruto mejor;

que esta es una fiesta De paz y de amor, amor.

cantemos un himno al Dios de los Cielos,

que envía a la Tierra, la lluvia y el sol;

para que el trabajo del noble labriego,

sea coronado del fruto mejor;

que ésta es una fiesta de paz y de amor, amor.

Cantemos un himno al Dios de los cielos

que dora los frutos Y les da el sabor;

y al par alabemos al noble labriego

que el suelo fecunda con ruda labor;

que esta es una fiesta de paz y de amor, amor.

Bien hayan las flores que adornan la tierra;

los frutos que ofrecen sabroso manjar;

mil veces bendita la fiesta del árbol

que a la agricultura nos hace cantar.

Bien hayan los bosques que atraen la lluvia

Y al hombre le brindan maderas sin par;

los prados que nutren inmensos rebaños,

los ríos que abonan el suelo feraz.

 

  Caranva Romero 

 

 

 

 
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