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  La Señora Hartura (María Jesús Cañamares)
 

 

 

La Señora Hartura

María Jesús Cañamares

Dice mi compadre que la señora Hartura es muy fea y mala. Fea sí que es la pobre, pero mala... ¿Y porqué va a ser mala la señora hartura, digo yo?

Esta dama vive en todas partes, es astuta como una zorra y sabia como una Enciclopedia; para todo tiene remedio. YO diría que incluso lo tiene hasta para la muerte. Cuando yo le digo que estoy harta de este dolor de corazón que siento, me dice:¡Mal de amores; eso te lo quito yo ahora mismo!... Y me manda al carajo a quienquiera que me produzca ese mal.

La señora Hartura es vieja, tiene siglos de vida, aunque ahora más que nunca aparece por todas partes y a todas horas. Aconseja a gente de todos los países, religiones, razas y estatus sociales. Su físico no es nada atractivo:

Una cabeza cubierta con cuatro pelos más blancos que la nieve, recogidos en un moño, sujeto por horquillas y una "paineta", como ella dice. La narizota larga y torcida muestra dos abismales agujeros rodeados de pelillos que se le ven de a legua; ella dice que esos pelos son los que nos protegen de los microbios que nos trae el aire cuando aspiramos, y además son los encubridores de los mocos... Los ojos grandes como platos, vigilan a todo el mundo y a toda hora y según lo que ven, así ella juzga o aconseja. La boca parece la de un volcán, pero rodeada por unos dientes largos y negros como el carbón, llenos de sarro, y una lengua siempre presta a soltar al prójimo lo primero que se le viene a mano. Tiene unos pechos como cántaros de barro repletos de miel, pechos que aún mantiene intactos, sin que ningún humano haya podido extraer de ellos una sola gota de leche, ya que la señora Hartura se basta y sobra sola y nunca ha querido compañías masculinas que le compliquen la vida llenándola de hijos. Parece mentira, porque en su voluminoso vientre parece que haya toda una humanidad gestándose...

Dicen las malas lenguas que el señor Hastío bien que la pretendió durante años, y miren que harían una pareja sin igual, ya que los dos son almas gemelas y se compenetrarían perfectamente. ¡Pues no, señores, nunca quiso saber nada del señor Hastío ni de ningún otro señor de bien o de mal. Pero volvamos a lo nuestro.

El culo de la señora hartura ni se le ve cubierto, ni descubierto; debe tener unas almorranas terribles que le deben de resultar muy dolorosas porque la pobre siempre lleva una mano puesta en esta parte del cuerpo como para sostenerse la almorrana. Pero ella no puede, no tiene a quién quejarse: ¡se llama Hartura y no puede contarle a nadie sus males so pena de perder su dignidad...

Seguramente, y según ustedes vayan teniendo la paciencia suficiente para leer esta narración, se estarán preguntando quién es la señora hartura y con qué derecho ha entrado en nuestras vidas sin pedirnos permiso.

¡Cuidado!, la culpa no es suya, sino nuestra. Queriendo o sin querer, nosotros mismos la llamamos a cada momento, y le contamos nuestras penas, entonces, si ella acude presurosa y nos ayuda, ¿porqué decimos que es mala?:

--¡Estoy harta de trabajar!

--¡Tranquila, hija; si el trabajo es fijo y bien pagado, trabaja menos, total, te lo van a pagar igual y tú vas a descansar...

Si es temporal, hazte la remolona cuando te diga que te muevas y mientras, hazte amiga del jefe para que te renueven os contratos.

--¡Estoy harta de la casa, de mi marido, de no poder salir los fines de semana porque tengo acumuladas las coladas, la limpieza, la compra que no he podido hacer durante los días laborales"

--¡Ni rechistes; no haberte casado! Pero ya que lo hiciste, aún estás a tiempo de ser libre: sepárate y vive tu vida. Si has de trabajar algo más para ganar más dinero, te fastidias y trabajas pero vale más que soportar a un ser del que ya estás harta!

--¡Estoy harta de algunos que me atosigan a todas horas por el medio que sea!

--¡Eso tiene remedio!: El teléfono tiene identificador de llamadas; si sabes de quién procede la llamada, ni cogerlo. Si no lo sabes y tienes que descolgar, en cuanto conozcas al poseso, obseso, perseguidor o lo que sea, déjalo con la palabra en la boca.

En Internet, el bloqueo y sanseacabó.

En la calle, como que no lo ves, cruza la acera y ni vuelvas la cabeza....

--¡Estoy harta de la vida!

--¡NO me extraña, no os conformáis con nada y todo lo que tenéis, aunque sea más moderno y cómodo, os cansa! Pero para eso estoy yo, la señora Hartura, para decirte lo que tienes que hacer:

Si te es posible, cambia totalmente de vida. Pero eso sí: ¡ni se te ocurra acabarla tú misma! La vida es bella a pesar de todos los palos que en ella recibimos, por lo tanto, al ser un ciclo que empieza y que tiene que terminar, déjala correr, vívela lo mejor que sepas y puedas, y ella solita se acabará. Te lo dice la señora Hartura.

Díganme, lectores, ¿es mala esta señora, después de todos los consejos que nos ha dado?

YO creo que no es del todo mala si la sabemos evitar y no llamarla tan a menudo; miren que tiene a muchos que atender y también ella se puede hartar.

 

 

 

 
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