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  Díptico Político en Verbicolor (Juan Ramón García de la Calva)
 

 

 


Díptico Político en Verbicolor

(Premiado en "Imágenes para Escuchar de Radio 3 de RNE, años 80)

Juan Ramón García de la Calva

Los patrios prohombres tienen

imágenes muy diversas,

nos ofrecen la que quieren,

la que más les interesa,

la que el momento requiere.

Según el tema que traten, así usarán de su ciencia,

sabrán ponerse elegantes

y tendrán tanta paciencia

que serán hasta galantes.

De todas ellas empero,

tocaré dos nada más:

los colores lo primero,

luego, en segundo lugar,

repertorio palabrero.

Es igual de dónde vengan,

con sus mezclas de colores

logran el carro y las riendas,

las ideas anteriores

y las ya anticuadas sendas

abandonan sus talentos

pues que ahora ya no cuentan,

dejando historias y cuentos

por el sol que más calienta

y a esperar nuevos eventos.

Los colores bien dominan,

de uno a otro se pasan,

unos con otros combinan

y lo que piensan las masas

es que han hallado una mina.

La retórica que emplean

es de lo más depurada,

nos darán dos mil ideas,

que habitualmente son nada

con tan grande verborrea,

que nos dejan convencidos

de que de algo grande tratan

ya que nada comprendimos

de su enorme perorata

y después les aplaudimos.

El preámbulo termino

ya que no quiero cansar,

aquí digo lo que opino

sin afán de molestar,

mas si quiere mi destino

que a alguno siente mal

o que a pecho se lo tome,

le recuerdo al personal

que el que se pica ajos come

y después huele fatal.

 

I

El color de la política o la política del color

Estos son los políticos

a quienes dimos el voto.

Son polícromos, típicos,

pero sabrán poner coto

a este momento crítico?

Los hay de todos los gustos:

de izquierda, centro, derecha,

bajitos, altos, vetustos,

también están en la brecha

los que nos pueden dar sustos.

Se reúnen en las Cortes

donde se cuentan sus penas,

se insultan, se ponen motes,

atan, desatan cadenas,

y aún les quedan resortes

para mutar los colores

y así los otrora blancos

hoy amarillos, señores!

Y qué decir de los bancos?

los azules, los mejores,

siempre los han de ocupar

los más verdes del país,

dicen los que han de esperar.

Y quienes tratan así

a los que deben mandar,

a su vez son apelados

marrones con ambiciones,

dispuestos y preparados

por si llegan ocasiones

para tornarse azulados.

Por si faltaba un color,

los rojos están presentes

que proclaman sin rubor

que esos colores y gentes

y también los del pavor,

de poder están morados.

De poder y de comer,

dice el pueblo ya hastiado

y negro también de ver

que siempre le echan de lado.

Dejemos en fin bien claro

que el arco iris de España,

sin ser demasiado raro,

pues en cualquier tierra extraña

el terrorismo y el paro,

el petróleo y la inflación

hacen cambiar de color

cualquier tipo de opinión,

es muy amplio y forjador

de no poca confusión,

o eso parece al menos,

por influencias quizá

de interesados venenos

que bien de aquí o de allá

están minando el terreno

del camino que emprendimos

y que la gran mayoría

demandamos y exigimos,

deseando ser un día

sin tanto color ni signos

un pueblo normal, corriente.

Mesías nadie ha pedido,

fuera las cuentas pendientes.

Azules, rojos, ¡queridos!

dejad en paz a la gente.

 

Segundo.

La palabra de la política o la política de la palabra

Sabemos y nadie duda

que políticos tenemos,

incluso de gran altura,

mas lo que muchos tememos

(hay quien aún asegura)

es que de la política

intenten hacer carrera

y gran vida turística,

haciendo de esta manera

la nuestra aún más crítica.

Tienen ideas contrarias

en sus modales y acciones

a veces formas primarias,

mas todos en sus dicciones,

igual el brahmán que el paria,

términos usan los mismos

y así se puede escuchar

decir, gritar, que vivimos

en democracia falaz,

o, somos lo que quisimos

o discursos semejantes

en cualquiera dirección.

Unos, otros, los de antes,

darán distinta función

a la lengua de Cervantes

dependiendo de momentos,

mientras el pueblo pregunta

en dónde están los cimientos

de tanta palabra junta

pues que no dan argumentos.

Palabras como consenso,

libertad, autonomía,

precios y paro en ascenso,

coalición, economía,

creo, quizá, bueno, pienso...,

o estas usuales frases:

la solución es el pacto,

lo primero es sentar bases,

firmemos acuerdos marco,

no lleguemos al desfase

y tantas y tantas más,

conforman el panorama

desde mucho tiempo atrás,

y no es que tengan la fama,

pues es notorio además

que hacen cuanto es posible

por demostrar claramente

que el diccionario es servible

para cualquier dirigente,

pues con él siempre es factible

hablar mucho y sin mentir,

esconer muchas razones

y sin tener qué decir

comer bien en reuniones

que a la postre han de servir

para problemas pendientes

atacarlos otro día

y decir luego a las gentes,

que Galicia..., Andalucía...,

son asuntos muy urgentes

que... sí..., claro..., se tocaron

y otros muchos también

que..., bien..., bueno..., se dejaron

no por faltar interés,

sino por ser demasiados.

No quisiera repetirme,

cosas habré de omitir,

creo que debo ya irme

sin que me hayan de decir

que obligado es despedirme.

Repetirme para qué,

con dos palabras se entiende

lo que escribiendo intenté,

lo de omitir ya depende,

pues si esto lee usted

tendrá después su opinión

sin que coincida quizá

con aquellos que en función

de intereses propios va

y para quién la razón?

Nuestros políticos son,

y aquí termino el temario,

oradores con tesón

manejando el diccionario

y aprovecho la ocasión

para decirles aquí

que el pueblo sigue en el hoyo,

que quiere salir de ahí,

que suelten un poco el bollo,

que queremos repartir.

 

 

 
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