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  Crucero Fluvial por el Danubio 18-25 Agosto 2019 (Caranva Romero)
 
 
 
 
  Crucero fluvial por el Danubio (18-25 de agosto 2019
  Reseña antes de que se la lleve el río
 
  Caranva Romero
 
  Primer día: 18
 
  Por eso de la huelga del personal de control, adelantamos en una hora la llegada normal para ir al aeropuerto de Barcelona.
  Subimos al taxi en la puerta de casa a las 5 menos 20, y sobre las 5, ya estamos en el aeropuerto.
  A pesar del temor de Duvi, que tiene buen resto visual pero que en tales lugares se olvidan del colectivo de personas con baja visión con letreros muy altos o con el contraste de fondo y letra poco estudiados, localiza bastante rápido el mostrador de Lufthansa para facturar el equipaje. Pasamos sin dificultad el control de policía y, muy pronto, estamos delante de la B-62, la puerta de embarque. Prácticamente 2 horas y pico antes. Nos tomamos un café y una pasta, ya relajados, aunque con la incertidumbre de cómo irán las cosas al llegar a Munich y recoger el equipaje cuando, a lo dicho anteriormente, se une el desconocimiento del inglés y mucho más del alemán del que no tenemos la menor idea.
  Embarcamos y salimos con bastante puntualidad.: 7 y media y 8 y poco respectivamente. LLEGAMOS a Munich sobre las 10 menos cuarto.
  Sin inconvenientes, y siguiendo a otras personas, sobre todo un matrimonio y dos amigas procedentes de la provincia de Tarragona con las que ya establecemos un primer contacto, recogemos las maletas.
  Ha viajado con nosotros, sin que lo supiéramos, una guía que comienza ese mismo día su trabajo en Catai: Meritxell.
  Como se nos presenta, con su ayuda, encontramos más fácilmente aún a los guías que vienen a recibirnos. Nos unimos a los procedentes de Madrid y se nos distribuye en cuatro autobuses, por colores: rojo (el nuestro) azul, verde y marrón.
  Nuestro guía es Javier, nacido en las islas Canarias. Metemos en el autocar las maletas, que no volveremos a ver hasta estar en el camarote del barco, Royal Emerald que se encuentra estacionado enn Passau, Austria. Tiene capacidad para 170 pasajeros, pero seremos unos 130. Sus medidas son: 11,50 metros de anchura por 100 y pico de largura y dispone de wi-fi.
  El guía, durante el viaje en autocar, 120 y tantos kilómetros, nos explica diferentes cuestiones relacionadas con el viaje. Primero nos dirigimos hacia la ciudad de Ratisbona, así llamada por los italianos, mientras que su nombre en alemán es Regensburg. Hacemos una breve ruta por ella, desde el autocar, ya aparcado, hasta la plaza del ayuntamiento, con su reloj en la torre, antiguo signo de riqueza.
  Allí se nos recomienda un restaurante. Comemos pronto y solos, pero ayudados por una de las guías que están pendientes de las posibles dificultades de los viajeros en cuanto al idioma o cualquier problema que pudiera surgir. Elegimos, en nuestra afán de probar los productos de la zona, un plato combinado con varios productos típicos y, cómo no, una cerveza (yo una de trigo que estaba buena). Nos cuesta 20 euros.
  Después de comer, Duvi y yo solos, porque los de la provincia de Tarragona que habíamos conocido, iban en el grupo azul con el que no coincidimos en ningún momento, entramos en la catedral, cuya sonoridad no tiene tanta resonancia como muchas de las que he visitado, damos una vueltecita por la plaza y caminamos por una calle de tiendas. En una de ellas, duvi compra, sin obstáculos idiomáticos, su habitual vasito de chupito y una jarra de cerveza para Héctor. Se ve que en las cuestiones de compra y venta el idioma es universal. No sé si la gente de esta localidad es menos bulliciosa que la de nuestro país o que desarrollan fundamentalmente su vida en los domicilios, el caso es que no percibo mucha actividad en las calles a pesar del buen día que hace.
  Puntualmente, a las 3,20, nos juntamos con el guía y regresamos al autocar para emprender el viaje de dos horas y pico hasta Pasau donde embarcaremos. Nos reciben un par de animadores. Lo hacen como si fuéramos niños.
  Javier, el guía, por propia iniciativa nos propone, para evitar una escalera complicada del barco, cambiar nuestro camarote, el 100, por el 232 en la planta superior que está libre y además tiene balcón. Aceptamos. Evidentemente que es de superior categoría, pero como hay libres, se puede hacer sin problemas y sin que nos suponga un gasto añadido.
  Tras dejar nuestros carnés de identidad en la recepción del barco, tomamos posesión de dicho camarote que no está mal. Dispone de un bonito balcón con dos sillas y una mesita que, por cierto, no utilizaremos en ningún momento, aunque desde él se ve y oye el Danubio, pero que puede servir para enseñar a amigos y familiares al regreso. El lavabo está bien y suficientemente espacioso: una buena ducha, un pequeño lavabo (no es necesario que sea más grande) con un grifo horrible, por lo menos para mí, en forma de medio óvalo que sube demasiado y salpica mucho. El water, al apretar el botón, parece que le has declarado la guerra a alguien, puesto que (no recuerdo cómo se denomina el sistema) pero el caso es que absorbe todo con una especie de un par de explosiones.
  Por eso de las dimensiones del barco y tras recorrer bastantes metros para llegar al camarote por un suelo enmoquetado, tengo la impresión de navegar dentro de una salchicha o una lombriz fluvial.
  Hemos recuperado el contacto con los de Tarragona, Josep Amat y Montse (que son los vecinos de enfrente y a los que también se les ha cambiado de camarote) y Àngels y Luisa, que están en la planta baja, con los que comprometemos mesa fija para que los seis desayunemos, comamos y cenemos juntos todos los días.
  El desayuno y el almuerzo son en la modalidad de bufet libre, mientras que la cena se escoge durante el desayuno y que sí te servirán en la mesa. Consta de un aperitivo y luego los demás platos se seleccionan entre tres opciones: de primero, sopas o cremas; de segundo carne, pescado o vegetal y, por último,  tres postres.
  En el barco es difícil perderse. Duvi no tiene ningún problema ni en la localización del comedor, el salón, la recepción o el acceso a la cubierta ni el desplazamiento por ellos. Como no lo necesitaba, no pedí que me explicara la disposición, pero creo que no era para nada complicada. La mesa del comedor será siempre la misma, no así, como es evidente, en el salón. Yo prefiero que la mesa escogida se encuentre cerca de la puerta de entrada para que, al salir, evites roces con las otras mesas o sillas. Quizá esto suponga que los que van a buscar la bebida y la comida tengan que recorrer más espacio. Lo del bufet libre es un verdadero problema para ciegos y para personas con dificultades visuales, también, por aquello de no dominar todo el campo de posibilidades y de identificación de los alimentos. 
   Desde el principio, Margarita, nuestra camarera que es búlgara y que sabe unas cuantas palabras en castellano, las imprescindibles, a nuestra compañera Àngels la llama la Boss por su manera d'expresar-se. Àngels se encarga, cada día en el desayuno, de leernos la carta de la cena para escoger los platos. Luego Margarita toma cumplida nota. Por cierto que las cenas, que a mí me gustan bastante, el pescado incluido en ellas (cada día distinto) no se defiende, no tiene espinas, con lo cual lo disfruto relajadamente. Por cierto, todos los que realizamos el crucero procedemos de España.
  Tras ducharnos,  acudimos, siguiendo las instruciones, al salón para el cóctail de bienvenida. Se nos presenta a todo el equipo técnico y diferente personal del barco. El capitán se llama Boris y se dirige al pasaje en inglés, siendo traducida su bienvenida por una de las guías.
  A las 8,30 cenamos, tal como he dicho y para mi gusto, bastante bien. Después volvemos al salón donde hay alguna actividad recreativa con baile incluido. Las bebidas son gratuitas, también la cerveza y el vino blanco, de las 8 a las 24 h, pero no los combinados alcohólicos o licores. 
  A eso de las 12 menos algo, nos retiramos al camarote para dormir. La verdad, nos ha sorprendido la alta temperatura que hemos tenido, tanto en Alemania como en Austria, cercana o prácticamente igual a la de Barcelona, 30 grados, si bien con bastante menos humedad. En el camarote, cada noche encontraremos un folio con el programa de actividades del día siguiente.
 
 
  Segundo día: 19
 
  Previsión meteorológica: día nublado. Temperatura entre 20 y 25 grados con posibilidad de lluvia a partir de las 15 h. A la hora de la verdad, son más grados.
  A las 8, más o menos, vamos al comedor donde ya están Luisa y Àngels. Hacemos nuestro desayuno continental. Como el café es malo, lo tomamos en el salón donde las bebidas son gratis y se puede beber un café mejor que el que dan en el comedor.
  A las 9,30 iniciamos la visita a la Abadía benedictina de Melk con el célebre lema de Ora, trabaja y lee.
  Esta abadía fue en principio fortaleza propiedad de un noble. Cuando se trasladó por cuestiones políticas y militares a Viena, se la cedió a los benedictinos.
  en esta abadía del ssiglo XI, que ha sido transformada a lo largo de los siglos, estuvo María Teresa, emperatriz de Austria, madre de José II, muy estimados por el pueblo (tanto en Austria, Hungría y la antigua Checoslovaquia) con diferentes reformas. Se conservan estufas de cerámica, una caja fuerte y otros objetos. La biblioteca tiene 12 salas con un total de 100000 libros, manuscritos algún que otro millar. No nos informan de ello, pero parece ser que en esta abadía se inspiró Humberto Eco en su novela El nombre de la rosa. El pueblo está al pie de esta abadía.
  La guía, muy amable, es ecuatoriana, concretamente de Quito.
  Después de la visita, bajamos andando y por unos cuantos tramos de escaleras hasta Melk, pequeño pueblo con dos calles. Según Duvi es como un decorado de película, completamente turístico.
  Nos tomamos un par de cervezas de barril de medio litro, que nos gustan mucho, y que nos cuestan 7,80 euros en total.
  Damos una vueltecita. Duvi compra el consabido vasito para chupito.
  Con un espléndido olor a hierba, vamos caminando hasta el barco con Montse, mujer de Josep Amat que tiene problemas de salud, pero que no le impiden disfrutar de las actividades del viaje. Por cierto, que, tanto el matrimonio como Mariángels y Luisa, amigas, han viajado muchísimo por gran parte del mundo. A lo largo del viaje, como es lógico, nos explicarían algunas de sus peripecias.
  Comemos juntos, riendo en la buena armonía que siempre reinará a lo largo de todo el viaje, hasta tal punto que algunos compañeros de crucero piensan que somos familia.
  Después de comer, subimos a cubierta. Duvi y yo pedimos un gintónic, que nos sirven con poco hielo, poca y mala ginebra. Cobran 8,50 por cada uno de ellos.
  Mientras lo tomamos, río abajo hacia Viena, el guía explica el recorrido del barco por parajes muy bonitos e interesantes como el pueblo de Traunstein, célebre e importante para Austria. Pasamos bajo varios puentes. Hemos de agacharnos al pasar por uno de ellos.
  La temperatura, aunque el día se presentaba nublado, es alta. Hace mucho calor y las previsiones de lluvia no se cumplen.
  Bajamos al camarote después de haber abonado la excursión de más adelante de la visita al campo de concentración y exterminio de Mathausen, campo en el que estuvieron y trabajaron muchos españoles republicanos.
  A las 6 de la tarde hay un tiempo para enseñarte a bailar valses vieneses. No vamos. Capaz de que, por eso de no ver los colores y entender poco de música, en vez de El Danubio Azul, bailaría los Bosques de viena y encima pisando a la pareja. Media hora más tarde, explicación sobre Viena a la que llegaremos esta noche y por la que haremos una ruta nocturna.
  En la visita panorámica por la noche, nos detenemos dos veces y bajamos de los autocares. Me da la sensación de amplitud, al menos la parte central de Viena. cruzamos varias vías de tranvía, supongo. Circulan bastantes bicicletas como también en Ratisbona, por lo que las guías advierten siempre del peligro.
  Hemos pasado por delante del Teatro de la ópera, el palacio imperial, Ayuntamiento... Mañana veremos los diferentes edificios con más detenimiento y el que lo desee que intente visitarlos. habrá dos posibilidades: volver a comer al barco y salir de nuevo por la tarde o permanecer en Viena todo el día y regresar a la hora de cenar.
  A pesar de que chispeaba cuando hemos salido, la temperatura es alta, pero soportable.
 
 
  Tercer día: 20
 
  Después de desayunar los seis de costumbre, a las 9,10 salimos a realizar una ruta por Viena. Pasamos por diferentes e importantes plazas como La de los Héroes, la de María Teresa, la de San Esteban donde se halla la catedral. Tal como dije anteriormente, a pesar de encontrarnos en la parte más importante de la ciudad, la actividad y el bullicio nada tienen que ver con, por ejemplo, los de Barcelona o Madrid.
  Una de las guías me indica que hay una maqueta de la catedral estupendamente realizada para que cualquiera como yo se recree tocándola un ratito y algunos turistas se fotofrafíen. Tiene una torre que es la tercera más alta de Europa: 137 metros, creo recordar.
  Vemos la columna de La peste, mandada erigir por el rey Leopoldo a causa de una epidemia en el siglo XVIII.
  No entramos en el museo de Sisi, sólo Montse. Pasamos también por las afueras del palacio Belvedere. También por delante del teatro de la ópera y el lugar donde dan conciertos Los niños cantores de Viena. Nuestra guía, que es austríaca, no tiene un lenguaje muy fluido. Deja bastante que desear. Según nos dicen, en Austria, sobre todo en Viena, en el campo del comercio y de la hostelería más que tú a ellos, son ellos los que creen que te hacen un favor a ti.
  Por aquello del recuerdo del pasado esplendor imperial, se aprecia una importante circulación de carruajes tirados por caballos. Cosas del turismo actual. No pregunté si llevaban turistas o no. En cualquier caso, ninguno de nosotros mostró ningún interés en viajar en ellos.
  Regresamos al barco para comer. Por la tarde vamos a la ciudad los seis de siempre más Ernestina. Compramos las dos tartas típicas de Viena y nos las comemos antes de volver al barco.
  Intentamos hacerlo en algún lugar en el que beberíamos un refresco para acompañar. Todos estaban ocupados, pero al fin, hallamos uno, en el que preguntamos. Vemos que el precio es de prácticamente 10 euros. Hasta luego, Lucas, ajo y agua, que está buena y es más barata. Por tanto, sentados al más puro estilo mochilero en una plaza y mientras un músico callejero (muy bueno por cierto) nos ameniza, damos cuenta de las sabrosas tartas.
  En el barco ya, cenamos. Espectáculo simpático a modo de paso palabra y a la habitación a dormir.
 
 
  Cuarto día: 21
 
  Durante la noche, ha habido problemas. Me he despertado con movimientos no habituales de barco. Parece que nos acunan. Duvi ni se entera. Debido a ello, se retrasan un poco las actividades.
  Generalmente, no se aprecia gran cosa el movimiento del barco, sí algo más cuando se pasa por alguna exclusa. Según donde esté situado el camarote (es nuestro caso) cuando el barco está detenido, todo es una balsa de aceite y el motor mudo; pero en marcha, el ruido del motor es desagradable, aunque uno se acaba acostumbrando y sobre todo si se duerme bien.
  Visitamos la catedral de la ciudad de Esztergom, la capital religiosa de Hungría. La guía, Andrea, que es húngara, es estupenda. Subimos por un camino por donde se ve y se oye el Danubio.
  La visita está muy bien. Allí el río traza una curva de unos 60 km. La guía nos señala una casita que está en territorio húngaro. Nos encontramos justo en la frontera con Eslovaquia.
  Esta catedral es en honor de San Esteban, que fue el primer rey de Hungría, cuya celebración (día del país) fue, precisamente, ayer 20. La sonoridad de la catedral, en la que entramos y nos sentamos unos minutos, es parecida a la anterior: poca resonancia.
  Después de comer, haremos una visita panorámica a Budapest. Mañana lo haremos más detenidamente pasando por el Mercado central, la calle principal y un par de confiterías muy célebres.
  La temperatura, aunque bastante alta, se puede soportar muy bien.
  La guía nos explica, al hablarnos del recodo o meandro del Danubio, que la palabra curva en húngaro significa prostituta. Nos informa, también, de que en húngaro hay 14 vocales. Al hacernos una demostración, explica que un día, mientras hablaba, se quedó un turista dormido. Se despertó cuando ella pronunciaba, de corrido, las vocales. Al oírlo, el turista le preguntó si le pasaba algo. La carcajada fue general.
  Después de comer, realizamos una visita panorámica a Budapest. La guía, Andrea, ya lo he dicho, es muy buena. Hay una iglesia, no la de San Matías, sino del rey Matías, que se casó con Beatriz de Aragón. El hombre era un mujeriego, pero como las mañas son de armas tomar, lo agotó. Si le hablas a un húngaro de una aragonesa, salen corriendo. La maqueta es muy adecuada para ciegos. tiene ese tamaño que ofrece la posibilidad de tener una idea global de la construcción.
  Las plazas son muy bonitas. También la parte central me resulta amplia. Mañana tenemos el tiempo libre para visitar aquellos lugares de los que nos han hablado hoyy y hemos visto y pisado. muy por encima.
  También en  Budapest hay escultura de la peste. Pest no la padeció, Buda sí. Siglo 18. La retirada de los puentes impidió que los habitantes de un lado pasaran al otro. En los lugares que no se padeció están señalados con una cruz.
  Judith, una de las buenas guías de Budapest, noshizo una breve historia de Hungría durante el paseíto en barco fluvial que hicimos después de cenar. Curiosamente, aunque el día fue caluroso, en la cubierta del barquito hacía un frío considerable.
  Nos explican que los magiares, primeros pobladores, son lo mismo que húngaros. Húngaros es el nombre que se les da cuando se cristianizó el país: siglo Ix. Según dicen ellos mismos, es un país que siempre se alían con el bando perdedor. Ha sido ocupado en diferentes ocasiones: turcos, austríacos, soviéticos.
 
 
  Quinto día: 22
 
  Todo el día en Budapest. Lo dedicamos libremente, en visitar la ciudad y comprar diferentes productos típicos: licor, crema, pimienta, paté. Lo hemos hecho con Montse y un ratito con Josep Amat, su marido, que ha regresado solo al barco. En general, la gente de los comercios no es muy amable, aunque creo que lo que son es desconfiados. Se puede pagar en euros, aunque en algunos sitios no. Su moneda es el florín húngaro.
  No han venido con nosottros Luisa y Àngels porque por la mañana ellas se habían dormido y desayunaron más tarde. Han tenido sus problemas con la chica de la limpieza de las habitaciones.
  Hemos estado más de tres horas por una calle comercial, peatonal, y en su célebre Mercado central. Seguimos con la misma tónica: poca actividad en relación a nuestro país. Tampoco oigo niños o muy pocos. Y no hay que olvidar que estamos en verano.
  Después de comer, la siesta, porque, como estábamos cansados, hemos preferido ir al camarote y no participar en algunas de las actividades, ya que navegamos durante toda la tarde hacia Eslovaquia.
  Hemos acudido después a tomarnos una cerveza, seguir un actividad recreativa consistente en la explicación de la elaboración de la tarta del Emperador y algunas cosillas relativas a la misma. Por lo visto, Francisco José, marido de Sisi, comía mal, no por falta de recursos, obviamente, sino porque no era ni comilón ni la comida formaba parte importante de su vida. Entonces alguien decidió elaborar este postre que sí le gustó mucho. Esto hizo que se divulgara a todos los niveles. Se dio, también, una charla informativa sobre la navegación fluvial en la que, además de diferentes aspectos e historia de la misma, entre otras cosas, se hacía publicidad de la compañía y sus viajes organizados. Por supuesto que comimos este postre, incluso pudiendo repetir.
  Después de la cena (para mí todas están muy buenas) un sencillo espectáculo, y una vez escuchadas o bailadas unas cuantas piezas (más bien pasaditas en el tiempo, pues la gente es más bien madurita o madura) a dormir.
  Es interesante señalar, que a medida que se va compartiendo tiempo y espacios, se va trabando una relación más estrecha, con lo cual vamos conociéndonos más y sabiendo más cosas unos de los otros. Evidentemente que aparecen los defectos, pero también las virtudes. Es preferible quedarte con lo positivo.
 
 
  Sexto día: 23
 
  Después de desayunar, a las 8,40 h. dejamos el barco y realizamos una visita guiada por Bratislava, capital de Eslovaquia. El guía, aunque no tiene un nivel alto de castellano, es bueno. Da unos cuantos datos referidos al país y la ciudad, como salario medio, número de habitantes... Hace un poco de fresco, pero pronto luce un espléndido sol. Según nos dice, Bratislava es una ciudad muy segura. Este país tiene un índice de paro bastante bajo, lo mismo que Chequia.
  No me da sensación de amplitud. Como viajamos por la zona histórica, las calles no son amplias, aunque sí algunas peatonales. Pasamos por delante del teatro de la ópera. Es un país que formaba parte, hasta el 92 del llamado Checoslovaquia, separado por los políticos, porque si hubieran convocado un referéndum, habría salido a favor de permanecer unidos.
  Señala el guía el lugar donde hizo un concierto Mozart, acompañado de su padre, a los 6 años. También, a los 9, franz Listz.
  Se nos muestra una fuente en la que hay cuatro niños meando. Por eso del pudor, censuraron la escultura, siendo peces por donde salía el agua en lugar de por donde lo hacían en su origen. Son países con abundancia de agua, de manera que suele haber fuentes en las plazas. A mí, precisamente, el ruido continuo del agua me irrita más que relajarme. NO sé si será por mi condición de ciego, el caso es que prefiero el silencio salpicado de conversaciones y diferentes sonidos.
  Se nos explica que el edificio del Ayuntamiento no era propiedad de la ciudad, sino de un privado.
  El hotel Carlton, hotel por delante del cual pasamos, no es el de la célebre cadena internacional, sino que su nombre viene dado por el de dos personas, creo recordar.
  El grupito, que formamos nosotros dos más Luisa, Àngels, Montse y Amat, una vez el guía acaba su misión, recorremos la calle más turística, además de en busca del km. 0, en busca de objetos que comprar. Tengo la impresión de que las mujeres han prestado más atención a hacer fotos que a las explicaciones del guía.
  Además de esos objetos, Amat y yo, en una terraza y sentados tranquila y relajadamente en unos largos bancos de madera, nos tomamos, él una coca-cola, y yo una cerveza checa de medio litro. Todo ello cuesta seis euros que paga Amat. Tomo la cerveza checa porque así lo recomienda el guía. Según se nos dijo al principio del viaje, el país que más cerveza produce es Alemania y la mejor es de Chequia.
  Regresamos al barco a las 12,30. Se nos da una charla informativa sobre diferentes aspectos de los dos siguientes días del viaje: propinas, recogida de maletas, rellenar cuestionarios de valoración, pago de extras, último día, etc.
  Comemos y a descansar un rato en el camarote. Hoy es el coctail de despedida y la cena del Capitán, que se adelanta un día dadas las actividades programadas para el día siguiente. Duvi se ha ido ha tomar algo a modo de merienda. Se encuentra con las del grupito y se cuentan cosas de sus vidas de las que me da cumplida cuenta después.
  Por fin, el coctail que es igual que el de bienvenida. La cena en excelente camaradería. Concurso de baile y más baile y a la cama, que mañana hay que madrugar, pues a las 8, unos irán a pasar el día a Salzburgo y otros, como es nuestro caso, al campo de concentración y exterminio de Mathausen.
 
 
  Séptimo día: 24
 
  A las 8 de la mañana tomamos el autobús que nos lleva al campo de concentración de Mathausen en el que hubo 7000 españoles republicanos. El grupo se ha dividido en dos; mientras Montse, Ñuisa y àngels van todo el día a Salzburgo, nosotros y Amat lo hacemos a Mathausen. La visita, con guía local, dura algo más de dos horas.
  La voz y el tono agradables de la guía suavizan considerablemente los hechos y circunstancias que describe.
  Es un campo de concentración, aunque acaba siendo también de exterminio. Mueren en él desde 1938 hasta 1945 más de 90000 personas. Además de las descripciones, podemos entrar en diferentes espacios que todavía se conservan: crematorios y lugar para gasear. Se nos leen distintos testimonios de presos de diversos países. Me parece una visita muy interesante y necesaria. Hay que revivir in situ la barbarie y violencia de la que es capaz el ser humano, aunque acabemos descubriendo que seguimos sin aprender del pasado. Durante unos minutos apagamos los aparatitos con los que seguimos las explicaciones de la guía, a fin de empaparnos, sentados y a modo de ejercicios espirituales,  de las posibles lágrimas y sudores de todos aquellos que sufrieron la más atroz violencia y humillaciones de sus semejantes.
  A las 12,30 regresamos al barco. Tomamos una cerveza y a las 14 h. comemos.
  A las 16,20 salimos a hacer una corta visita guiada por Linz. Pasamos por delante de la casa de un conde amigo de Mozart donde suele residir cuando viene a esta ciudad, la tercera de Austria y con 205000 habitantes.
  Mozart en tres días, por un compromiso del conde, compone la llamada Sinfonía de Linz.
  En esta ciudad residió un hermano de Beethoven. Existen cartas que se intercambiaron con ciertas notas humorísticas.
  En Linz se halla la plaza más grande de Europa. La catedral tiene 2 metros de altura menos que la de San Esteban de Viena porque ningún edificio de este país puede ser más alto que la catedral de la capital; por tanto la de Linz tiene 135 m.
  La ciudad, quizá por celebrarse la feria o algo así de la cerveza, se nos presenta con mucha más marcha que ninguna de las otras ciudades que hemos visitado, incluso está cortada la circulación del tranvía. Por el ambiente, los conjuntos actuando en las diferentes plazas, me recuerda a la Semana Grande de bilbao. Según la guía, cada año se celebran más de 200 conciertos.
  El ambiente, la atmósfera está impregnada de esos olores típicos de la ciudad en fiestas. Me refiero a salsas, dulces y otros alimentos.
  También en esta ciudad, como en otras de los países circundantes, se puede ver la estatua erigida con motivo de la peste padecida en el siglo XVIII.
  Sigue sorprendiéndonos la temperatura: otro día de gran calor, alrededor de los 30 grados que, seguro, sorprende también a los propios habitantes de aquí.
  última cena: Como siempre en excelente armonía. Hemos pagado los dos vasitos de chupitos que Mariángels le ha comprado a Duvi en Salzburgo. Después otro simpático espectáculo sobre títulos de películas. Quizá para muchos sea una chorrada, pero yo cada vez valoro más el trabajo que realizan los demás o al menos trato de buscar la cosa positiva. Y como me he reído, encantado de la vida.
  Hacemos las maletas porque mañana tenemos que dejarlas a las 8 en la puerta de la habitación.
  Hemos saldado todas las cuentas y depositado como propina 60 euros que, si bien son voluntarios, e inferior cantidad a la que se recomienda, entiendo que ya está bien. Soy contrario a esta práctica. Considero que el sueldo del personal de limpieza y camareros debería ser acorde con el trabajo desarrollado que, por supuesto, es importante. Por ejemplo, nuestra camarera, Margarita, una chica búlgara, ha sido muy amable, eficiente y diligente.
 
 
  Octavo día: 25
 
  A las 7 de la mañana vamos a desayunar pues a las 8 las maletas deben estar en las puertas de los camarotes.
  A las 9 abandonamos el barco, subimos al autocar y una hora de trayecto hasta Passau, que no es otra que la ciudad donde cogimos el barco al inicio del crucero.
  Allí con un guía realizaremos una visita a la ciudad durante dos horas.
  Esta ciudad, tiene unos 50000 habitantes, 12000 son universitarios.
  Es una ciudad muy interesante. Confluyen en ella tres ríos, entre ellos el Danubio, con lo cual  el riesgo de inundaciones es importante. Dos han sido las más catastróficas: una en 1501 y la otra en 2013. Se pueden apreciar señales de hasta donde llegó el agua.
  Visitamos la catedral de San Esteban en la que se halla el órgano más grande del mundo. Tiene 18000 tubos y tan sólo lo tocan dos organistas. El tubo mayor tiene 11 metros, mientras que el más pequeño unos pocos milímetros.
  Tiene también una bonita plaza donde se halla el Ayuntamiento.
  En 1662 hubo un gran incendio que la destruyó casi por completo, por eso no hay mucha cosa anterior al siglo XVII. Aquí, con más razón por lo de la confluencia de los ríos, las fuentes susurran, murmuran y hasta irritan en las plazas.
  Como cosa curiosa, el guía nos informa de que en esta ciudad existe el único Museo de los perros salchicha. No podía ser de otra manera.
  En la terraza del restaurante donde comeremos, recomendado por los guías, Josep Amat y yo, en justa compensación de lo tomado en Bratislava, bebo una jarra de cerveza de medio litro y él una coca-cola que corre a mi cuenta, 7,80 euros. Mientras tanto, las mujeres dan una vueltecita por las tiendas de souvenirs. Duvi compra unos chupitos más y en el restaurante una jarra para cerveza.
  Por supuesto que comemos las consabidas salchichas (no la de los perros homónimos) con otra emblemática cerveza. La carta está en español.
  A las 14,15 cogemos el autocar que nos llevará al aeropuerto de Munich, acompañados por los guías hasta prácticamente los controles de policía. Tardamos algo menos de dos horas.
  En el aeropuerto, los seis nos tomamos un sanwich con la cervecita de rigor. Las mujeres, como no podía ser de otra manera, hacen unas compritas más: las últimas.
  Tanto la salida como la llegada a Barcelona, se realiza con bastante puntualidad. Se ve que la compañía es alemana.
  Me acontece por primera vez que, Al pasar el control me cachean exhaustivamente, al igual que a Amat, y eso sin que pitara. No sé si es que nos tocó en la lotería, si el policía tenía ciertas inclinaciones o que pensaron que las mujeres nos utilizaban para pasar, clandestinamente, algún producto adquirido en cualquiera de los países visitados.  
  Ha sido un viaje estupendo. No pensábamos que las cosas iban a transcurrir tan bien. Esperemos que los momentos compartidos den pie a mantener el contacto entre los seis, aunque sea esporádico.
 
 
 
 
 
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