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  Balada de Iberia (Ventura Ruiz de Aguilera)
 



  BALADA DE IBERIA

  VENTURA RUIZ DE AGUILERA                          

I
Dicen que va con España
a casarse Portugal;
    si mucho vale la novia
no vale poco el galán.
El mismo sol los alumbra,
la misma tierra feraz
rinde a sus pies generosa,
ricos tesoros sin par.
Dos mares las costas bañan:
dos mares de nombre igual;
en los propios claros ríos
los dos contemplan su faz.
Una es su lengua armoniosa,
una su historia inmortal;
en los siglos venideros
uno el destino será.
Bello fruto de estas bodas,
Iberia al orbe ha de dar
envidia por su grandeza,
y por sus virtudes más.
¡Cuándo ese día,
cuándo vendrá!
¿Quién no lo ansía?
Quién lo verá!

II
Los dos cruzaron valientes
las soledades de un mar,
donde sonado no había
la voz humana jamás.
Oro dicen que trajeron
de su expedición audaz;
no cuenta quien los acusa
lo que dejaron allá:
Sangre, industria, ciencia y arte.
Entrada en la humanidad
dieron a razas dormidas
en hondo sueño fatal.
Y entonces allí brotaron
(flores de su inmenso afán)
ciudades, talleres, templos,
maravillas que admirar.
¡Ojalá unidos por siempre
desde entonces, ojalá,
hubieran los dos estado
con vínculo fraternal!
¡Cuándo ese día,
cuándo vendrá!
¿Quién no lo ansía?
Quién lo verá!

III
Todo el mundo conocido
resueltos los vio pasar
a vencer los que imposibles
juzgaba la antigüedad:
Con el león de Castilla
las quinas de Portugal;
las barras aragonesas
con el blasón catalán.
Fuertes con sus libertades
y su poder colosal,
en sus empresas llegaron
donde nadie llegará.
Ellos derrocan imperios,
ellos los saben fundar,
y uncen monarcas altivos
a su carroza triunfal.
Hoy con recelo se miran,
y no se conocerán
hasta que luzca la aurora
que tantos esperan ya.
¡Cuándo ese día,
cuándo vendrá!
¿Quién no lo ansía?
Quién lo verá!

IV
El tiempo se acerca; un trono
ha barrido el huracán,
sobre él desplomado fiero
una oleada del mar.
Dinastías extranjeras
hollaron su dignidad;
si España tiene memoria,
ya nunca lo ocuparán.
Lázaro ha roto su tumba;
la tiniebla huyendo va;
el muerto resucitada
saluda a la Libertad.
En esta sagrada vía,
sin volver un paso atrás,
con el pueblo lusitano
España se encontrará.
Y olvidando sus querellas,
su alianza sellarán,
fiel, sincera, indisoluble
con un ósculo de paz.
¡Cuándo ese día,
cuándo vendrá!
¿Quién no lo ansía?
Quién lo verá!

V
¡Iberia! yo te estoy viendo
bella, joven, celestial,
como en sus ensueños pudo
el poeta ambicionar.
¡Iberia! yo te estoy viendo
vestida de majestad,
presentarte a las naciones
con aplauso universal.
¡Iberia! yo te estoy viendo
en el senado brillar
de todos los pueblos libres,
tan alta como el que más.
¡Iberia! yo te estoy viendo
serenamente marchar
al porvenir que adivina
la musa de nuestra edad.
¡Iberia! yo te estoy viendo;
Iberia tú nacerás,
pues han de hacerse las bodas
de España con Portugal.
Ese gran día
no faltará;
¿quién no lo ansía?
¡Quién lo verá!



 
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