SIÉNTATE CONMIGO
  Líquida Tentación (Miren Valero)
 
 
 
 
  Líquida tentación.
 
  Miren Valero 
 
Roberto recorrió la entrada del portal  con cierta urgencia después de haberse tomado unos cuantos "txikitos".
- Buenos días, vecino,  - Saludó Elena  - le veo hoy con prisas - sacó su abanico y se aireó con garbo agitándolo en su pecho.  - cómo aprieta el sol esta mañana, se me van a derretir los langostinos que he comprado para la paella del domingo.- le dijo ella con ese escote al que él procuraba no mirar.
Antes de que pudiera contestarle bajó el ascensor cargado de niños, los nietos del señor Julián y él mismo.
- coño con los mocosos-  soltó Roberto mientras se apartaba para que  subieran a los patinetes dejando al abuelo  tambaleándose con su bastón..
- buenos días, ya disculparán a estos becerros, no hay quien pueda con ellos -.
Roberto abrió la puerta.  - Que galante es usted- dijo ella  entrando en el ascensor  y colocando el carrito ante sus preciosas piernas. .
- ¿Se ha enterado de la que se lió ayer en el cuarto derecha? Dijo Elena apretando el botón del sexto piso.
Con las mismas ganas de hablar como de beberse una botella de lejía, él la interrogó con las cejas.  - sí hombre, estos que son un montón, que siempre están armando jaleo con tanto hijo. Pues el caso es que les han detenido por plantar mariguana en el balcón, imagínese  y…- y justo en ese mismo momento mientras Roberto  miraba el tres  iluminado en la pantalla imaginando una rápida teletransportación hasta su casa,  el ascensor  se paró de un brinco. Un apagón en toda regla. - me cagoentó-  y aprovechando la oscuridad Roberto cruzó las piernas con toda su alma.
- Ay Dios mío, ¿que ha pasado?. Dijo ella -  Por favor, encienda algo que me da!. ¿donde está la alarma? - y tecleó todos los botones del panel sin ningún resultado. - es que tengo gastrofobia, ¿sabe? y me estoy ahogando, nos sacarán de aquí verdad, no moriremos como el de "la cabina", dígame que no!!
El se  sujetó la vejiga y aledaños  y  procuró modular su voz - Tranquila mujer - no tendrá el móvil a mano?, podríamos llamar a algún vecino. -pero que listo que es usted, se lo digo siempre a mi marido-  A ver, estará por aquí,  pañuelos, llaves, caramelos, todo menos el dichoso…, ah,sí, aquí lo tengo. Y la pantalla  iluminó el ascensor recolocando a Roberto en posición firme.
- Ni una rayita de cobertura, no puede ser! - y Elena  comenzó a aporrear la puerta   socorro, sacadnos de aquí que vamos a morir. Juana,  Tomasa, auxilio!,.
- Quiere callarse mujer de Dios, que vamos a caer en picado como siga moviéndose de esa manera?. Ella se  le arrimó temblorosa - mientras el se quitaba la txapela secándose el sudor con el paño - joder  con la vecina, si no fuera porque la próstata le estaba martirizando…
- no se preocupe Elena, pronto vendrá la luz, o eso espero..
- sabe una cosa Roberto, dijo ella enfocándole el móvil a la cara, - tiene unos ojos azules preciosos, nunca me había fijado - y le lanzó la sonrisa mas cautivadora con aleteo de pestaña.
- Usted no pasará de los sesenta, verdad?, tan alto, tan fuerte…- Roberto sintió que su vejiga se volvía espasmódica y se retorció los dedos para  evitar pensar en la explosión.
- quite usted, yo ya estoy en los setenta.
- No me lo puedo creer. Pero bueno, si usted lo dice, pero vamos, que qué setenta!. dijo ella- sin dejar de abanicarse revoloteando su melena como en las películas.
- yo cumplí cincuenta y dos la semana pasada y ya ve, toda una señora mayor, ¿no le parece?. La voz de Elena le llegó tíbia, húmeda, igual que el almibar chorreante ya sin remedio deslizándose por sus muslos. Roberto apretó las piernas y el flujo cesó.
- le pasa algo?, no se, lo veo un tanto, agobiado… -  y lo abanicó suavemente.
- a mi, no me diga cómo, se me ha pasado el miedo pero usted tiene mala cara,  ¿le apetece comer algo?, quizá tarde en venir la luz y no me dirá que no hemos tenido suerte con el carrito de la compra repleto. Sonrió ella, tendiéndole aquella manzana. Por favor, dijo Roberto pegándose más a la pared si cabe - ¿puede apagar la luz del móvil?. Y entonces se escuchó un seseo. - Qué dice usted?. - estoy rezando, rece conmigo Elena. Que exagerado, dijo ella acercándose un poco más a él.
De pronto se oyó un mordisco y el fuerte olor a manzana se expandió como aquél contenido caliente que ya pugnaba por verterse de un momento a otro.
- Vaya hombre, la luz,, - dijo ella separándose- el ascensor subió en dos segundos a la 6ª planta y Elena se recompuso.
-Ha sido un placer vecino- y salió empujando la puerta con su carrito y los labios húmedo de manzana.
- Padre nuestro que estás en los cielos, no permitas que, que…  y ya en el rellano, abrió la puerta de su casa y se desplomó tras ella. - y AMÉN..
 
 
 
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