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  Carta de Despedida (José Molina torres)
 
 
 
 
  Carta de Despedida
 
José Molina Torres
 
Teniendo siempre presente el entrañable y emotivo recuerdo que guardo de los centros de recursos educativos de Alicante, Sevilla y Madrid, en los que durante once años la ONCE, con un excelente equipo de intachables profesionales, me proporcionó una educación y formación digna de los mejores elogios; el 31 de diciembre de 2018, después de treinta y cuatro años, cinco meses y diecisiete días de trabajo en la Delegación Territorial de Madrid, pongo el broche a mi trayectoria laboral. Una trayectoria laboral en la que durante una etapa de dieciséis años he trabajado con orgullo y una inmensa satisfacción ofreciendo ilusión para convertir sueños en realidad. En esta reciente etapa aprendí a vencer a mi timidez, tuve la oportunidad de recoger el cariño de los portadores de sueños y fui testigo de excepción de la solidaridad que la SOCIEDAD procesa a una reconocida y querida INSTITUCIÓN. Sin complejos, y con respeto a mis superiores, me atreví a exponer siempre lo que yo consideraba mis planteamientos de mejora. Muchos días de un intenso frío, un agobiante calor, una interminable lluvia; son algunas de las adversidades climatológicas que me sirvieron para que nunca se me olvidara el meritorio trabajo que a diario realizan los vendedores de la ONCE.
Durante dieciocho años he trabajado escuchando a las personas como a mí me gusta que me escuchen: explicando el porqué de las cosas, motivando a los nuevos afiliados, fomentando los servicios de la ONCE. Y todo ello rodeado de un gran puñado de compañeros que tuvieron paciencia para enseñarme, que supieron disculpar y asumir mis errores y a los que les quiero expresar mi más sincero agradecimiento por la paciencia que han tenido conmigo, por todo lo que he aprendido de ellos y por el cariño que siempre me han demostrado.
Quiero en estas líneas agradecer y reconocer el trabajo y la profesionalidad de todo el personal con el que he tenido la oportunidad de compartir mi trabajo en mi etapa de gestión. Gracias a todos y cada uno de los administrativos con los que he trabajado a diario compartiendo muchas horas de un intenso trabajo, en el que su profesionalidad, implicación y compromiso han sido las claves para que mi trabajo con aciertos y errores saliera adelante. Gracias a los Gestores Comerciales porque en el despacho y en la calle me enseñaron a reconocer y valorar el nada fácil trabajo que realizan para motivar y ayudar a los vendedores en su día a día. Gracias a los profesionales del área de Servicios por su constante desvelo para atender con agilidad la demanda de los Afiliados. Gracias a todas esas personas que en la sombra desempeñan un extraordinario y eficaz trabajo, imprescindible para facilitar las tareas de los vendedores y las demandas de los afiliados.
A lo largo de mi trayectoria laboral, no sé si he cosechado muchos o pocos amigos, si me merezco el cariño con el que mis compañeros y responsables me han obsequiado durante todos estos años; pero de lo que no me cabe ninguna duda es del respeto con el que siempre me han tratado.
Cierro las puertas de una intensa etapa laboral en la que espero haber sido capaz de aportar mi modesto granito de arena para fortalecer a una INSTITUCIÓN que más allá de la vida laboral, me ofrece la oportunidad de abrir otra apasionante puerta, para que pueda disfrutar de esas actividades y servicios que yo recomendaba a los afiliados y que me permitirá compartir muchos y entrañables momentos con los que han sido mis compañeros y superiores.
No puedo evitar que la nostalgia y emoción se apoderen de mi al recordar a mis padres donde quiera que se encuentren. No fue fácil para ellos comprender que el futuro de un diablillo que tantos quebraderos de cabeza les daba, se encontraba lejos de ese cortijo de Almería, en el que en una veraniega mañana un desconocido señor se afanaba en explicarles que ello era posible a muchos kilómetros de distancia. Con orgullo y esperanza vieron que aprendí a leer y escribir, se emocionaban al recibir las notas académicas y al comprobar mis progresos, resignados a no tenerme cerca con esfuerzo y sacrificio me apoyaron en mis inicios laborales, se admiraron al comprobar cómo pasito a pasito fui formando la que hoy es mi familia; y lo que tal vez ellos no se imaginaron, se convirtió en una jubilosa realidad y tuvieron la oportunidad de disfrutar de los nietos que ese indómito diablillo les dio. Todo ello ha sido posible gracias a la ONCE, una Institución que me encontró perdido en un incierto futuro, y a la que con orgullo, dignidad y un inmenso agradecimiento, me atrevo a gritarle a todo el que me quiera escuchar: ¡TE QUIERO, ONCE!
 
 
 
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