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  Homenaje al Cupón de la ONCE (José Molina Torres)
 
 
 
 
  HOMENAJE AL CUPÓN DE LA ONCE
 
  José Molina Torres
 
El 13 de diciembre de 1938, un grupo de personas ciegas que no se resignaron a vivir de la mendicidad, plenamente convencidos de que un futuro mejor era posible para los ciegos españoles y que con ilusión y ahínco lucharon por él, fueron testigos de Excepción del nacimiento DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL DE CIEGOS ESPAÑOLES, una Organización modélica y reconocida en todo el mundo que ahora cumple OCHENTA AÑOS.
Atrás quedan los inolvidables esfuerzos y sacrificios, así, como la constante tenacidad y perseverancia de todo el colectivo ONCE por consolidar día a día  una Institución capaz de resolver la problemática de los ciegos. Muchos, ya no están entre nosotros, pero nos han dejado abierto el camino hacia la integración en la Sociedad; otros, disfrutan merecidamente de los fértiles frutos de la cosecha que sembraron y que han sabido cuidar y mimar; y nosotros, recogemos su testigo y asumimos la responsabilidad de seguir engrandeciendo su obra.
En este aniversario, un protagonista incansable es el verdadero artífice de tan entrañable efemérides, ¿verdad que sí querido cupón?
Te doy las gracias: porque lograste abandonar la picaresca y comprometiste tu apreciado tesón con  un colectivo que no te ha defraudado, y que ha sabido hacer de ti el corazón de una institución querida y reconocida por todo el mundo, porque supiste convivir con nosotros en la miseria, dándonos ese mínimo hilo tan necesario para sobrevivir, por el intenso y cayado trabajo que día a día realizas afrontando con ímpetu y decisión cuantos retos y adversidades se cruzan en tu camino para que la ONCE siga dando respuestas eficaces a la problemática de la ceguera y la discapacidad, porque has sabido comprender y asimilar la importancia de las nuevas tecnologías que tanto han contribuido a mejorar la calidad de vida de los vendedores y su seguridad en el trabajo, porque no dudaste ni un solo instante en aceptar la colaboración de esos revoltosos duendecillos, de esos atrevidos policías, de esas revoloteadoras mariposas..., porque todos ellos fueron el origen de un gran equipo de trabajo que hoy se afana incansablemente para que la institución a la que tú tanto quieres pueda seguir cumpliendo con su finalidad social   y porque junto a los fundadores de la Organización luchaste codo con codo para construir los sólidos cimientos sobre los que hoy se sustenta la ONCE.
Recuerdo,  cuando era niño y mis educadores me hablaban de ti: la primera vez que escuché la palabra Cupón, lejos estaba de imaginar el infinito significado que encerraba esa combinación de cinco letras, y que el transcurso de los años se encargaría de descifrar. Primero, aprendí que eras un juego que vendían las personas ciegas como yo para poder comer, luego, me explicaron que eras capaz de educar a niños ciegos, de dar trabajo a los jóvenes y de luchar por la integración de los invidentes en la Sociedad, también, me contaban las dificultades, calamidades y peripecias que junto con los vendedores tenías que padecer para salir adelante.
Ahora me vienen a la mente aquellos difíciles momentos, en los que tu corazón latía muy débil, y todo apuntaba a tu adiós definitivo; pero gracias a una arriesgada y acertada terapia que te aplicaron, fuiste capaz no sólo de resurgir de tus cenizas, sino, que aportaste unas expectativas inimaginables para los ciegos. En esa etapa, te cruzaste en mi camino, y es cuando de verdad comprendí la incesante y ardua labor que desempeñas en la ONCE desde su creación.
Desde aquel lejano 13 de diciembre de 1938, has ido año tras año colmando de expectativas y realidades a los ciegos españoles, has hecho, posible muchos de los sueños de tantas y tantas personas que aprecian en tí el noble trabajo que realizas en pro de los ciegos, nos has mostrado el camino de la solidaridad enseñándonos a compartir con la discapacidad, objetivos y proyectos, y todo ello, es el fruto de tu incansable y reconocido trabajo.
Cada mañana, haga frío, calor, llueva o nieve, salgo a trabajar con la obligación de ganarme mi sustento y el de los míos, y con el convencimiento de que tú y yo juntos luchamos para fortalecer una Institución envidiada en el mundo entero, y también, cómo no, nos afanamos en mantener vivas las ilusiones de todos aquellos que depositan en tí su confianza.
Seguro, querido cupón, que todavía no te has olvidado de ese farmacéutico que todas las mañanas después de tomarnos el café me acompañaba a mi punto de venta, y recordarás la de veces que por el camino me contaba su sueño más anhelado en la confianza de que tu le ayudaras a conseguirlo, y esa ilusión era la de poder comprarse un piso para dejárselo a sus hijas, esa ilusión tú la convertiste en una jubilosa realidad de la que recuerdo el emocionado abrazo en el que nos fundimos esa noche en el portal de su calle y no podrás evitar esbozar una sonrisa al recordar que bajó a la calle en pijama y zapatillas de estar por casa. Guardado en tu memoria queda el recuerdo de esa señora joven madre de una hija y separada a la que le faltaba un día, solo un día para que la desahuciaran de su piso, tú lo evitaste y fuiste testigo de su sincero y emocionado agradecimiento bañado en lágrimas que compartió con mi mujer. Orgulloso de la profesionalidad de los vendedores, siempre te acordarás de mi profesor de literatura en COU que compraba sus cuatro cupones a diario, la compañera que depositaba en sus manos la ilusión un día no fue a clase, pero al día siguiente haciendo gala de su honradez le entregó los cuatro cupones premiados y toda la clase compartimos emocionados la alegría del profesor. Estos sólo son algunos de los miles, miles y miles de sueños que a lo largo de estos ochenta años has hecho posible.
Querido Cupón: puedes sentirte orgulloso de la dilatada y fructífera labor que has llevado a cabo durante ochenta años, y puedes tener la completa seguridad de que los ciegos jamás la olvidarán, porque gracias a ti, hoy luchamos como cualquier persona por encontrar un hueco en la Sociedad. Pero la vida sigue, y la verdad, es que tenemos que afrontar un futuro incierto y complejo, y por supuesto, contamos contigo querido cupón. Seguramente, tendremos que pedirte cosas que te costarán asimilar, pero tenemos la plena certeza de que no nos defraudarás, y que juntos enarbolaremos la Bandera de la ONCE. En pro de nuevas conquistas sociales.
 
¡FELICIDADES, QUERIDO CUPÓN!
 
 
 
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